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Casi acabando el año, os traigo la nº 10 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. Se trata de la palabra japonesa Ikigai y para mí, quizás una de las más importantes de la serie porque comprender su significado nos impulsará a buscarle el sentido a nuestra vida, si es que no lo hemos encontrado ya. Se trata de buscar el tan ansiado propósito vital.
Como ya venimos viendo a lo largo de toda la serie, definir la palabra japonesa Ikigai es un tanto difícil. Existen varias traducciones y, aunque la mayoría conservan la misma esencia, no todas son completamente correctas y pueden inducirnos a confusión. Voy a mojarme para ofreceros el significado que desde mi punto de vista es el más acertado. Para ello, analicemos primero los kanjis que la forman.
生き > Iki > Vida 甲斐 > Gai > Efecto, resultado, valer la pena
La traducción literal sería “El resultado de la vida” o “Una vida que merece la pena ser vivida”. La interpretación más común que circula es «el propósito de la vida» o «aquello que da sentido a nuestra existencia». Sin embargo, en mi opinión estas definiciones son demasiado amplias y pueden llevarnos a una comprensión errónea. Si lo entendemos así, podríamos pensar que el ikigai equivale a la gran respuesta de ¿por qué estamos aquí?, como si fuese la razón última de nuestra existencia. Y yo creo que afirmar eso sería ir demasiado lejos.
Tal y como yo lo entiendo, el ikigai es algo que decidimos hacer para llenar nuestra vida de mayor sentido. No es una respuesta cósmica ni filosófica abstracta: es algo concreto que optamos por entregar al mundo para convertirlo en un lugar mejor en el que vivir. Y haciendo esto, nuestra existencia alcanza un significado que nos hace experimentar mayor plenitud. No nos lo da nadie. Lo elegimos nosotros.
Algún día llega el momento en el que te haces la gran pregunta, ¿Cuál es mi Ikigai?
Cuando el ser humano alcanza la capacidad de hacerse preguntas, tarde o temprano llega esa cuestión que nos ha atormentado durante siglos. ¿Para qué estoy aquí? ¿Cuál es el sentido de mi vida? Aquellas personas que no han conseguido dar respuesta a esta pregunta, se ven obligadas a enfrentar un profundo vacío interior.
Ahora más que nunca somos conscientes de que necesitamos encontrar, de alguna forma, una respuesta que nos dé un motivo por el que levantarnos cada mañana. Lo necesitamos casi tanto como comer y beber. Encontrar el sentido de nuestras vidas nos llena de energía. Nos permite sacar lo mejor que llevamos dentro y alcanzar un alto nivel de satisfacción.
Pero aquí conviene hacer una distinción importante. Dentro de cada uno de nosotros existe una necesidad intrínseca de dar algo a los demás. Una de las mayores fuentes de felicidad que existen es la que percibimos cuando ayudamos a otros. Si conectamos con lo más profundo de nuestro ser, entenderemos que, paradójicamente, proveer es en realidad recibir, y que cuando entregamos algo de forma genuina y sin esperar nada a cambio, obtenemos mucho más de lo que dimos.
Basándome en esto, mi conclusión es que el ikigai es aquello en lo que nos enfocamos y ofrecemos para el beneficio de otros. Y algo muy importante: esto no tiene por qué realizarse a través de una profesión. Puede ser algo que hacemos en nuestro tiempo libre, o incluso un acto altruista cuando disponemos de una fuente de ingresos que ya cubre nuestras necesidades. El ikigai no entiende de títulos ni de contratos.
Para los japoneses, la búsqueda de su Ikigai es una de las tareas más honorables y gratificantes que se pueden llevar a cabo. Cada persona tiene la capacidad de encontrar el suyo y de verlo evolucionar, ya que no es algo fijo, sino que va adaptándose y cambiando con el tiempo. En las comunidades donde se pone en práctica, lo consideran una de las claves para tener una vida larga y feliz. Ya se han hecho diversos estudios que demuestran que las personas que afirman haber encontrado su Ikigai suelen estar mejor en diferentes áreas importantes de la vida: la salud, las relaciones sociales y la situación laboral, entre otras.

El ikigai es una fuente de longevidad
Y esto lo sabemos en parte gracias a la universidad de Sendai, que realizó a lo largo de siete años un estudio en el norte de Japón titulado «Sense of Life Worth Living (Ikigai) and Mortality in Japan: Ohsaki Study», en el que participaron más de cuarenta y tres mil personas. El objetivo era verificar la relación entre el ikigai y la longevidad. Al cabo de los años, los científicos pudieron comprobar que las personas que se levantaban cada mañana con un propósito claro y sentían haber encontrado el sentido de su existencia vivían significativamente más tiempo y con mayor calidad que aquellos que no tenían un objetivo.
El estudio se inició a finales de 1994 con encuestas realizadas a decenas de miles de adultos japoneses de entre cuarenta y setenta y nueve años. Los investigadores tuvieron en cuenta factores de riesgo tales como la edad, el género, la educación, el índice de masa corporal, el consumo de cigarrillos, el alcohol, el ejercicio, el empleo, el estrés y el historial clínico.
De entre los 43.391 sujetos inscritos, 25.596 (el 59%) afirmaron haber encontrado su ikigai, 15.782 (el 36,4%) indicaron que no estaban seguros, y 2.013 (el 4,6%) indicaron que no lo habían encontrado. En comparación con los que manifestaban haberlo encontrado con claridad, los que no lo hicieron tenían más probabilidades de ser solteros, estar desempleados, sufrir un peor estado de salud, tener un nivel educativo más bajo y presentar mayores niveles de estrés. Además, los resultados indicaron que el hecho de no encontrar un sentido a la vida estaba asociado a un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas.
Los hallazgos del estudio Ohsaki son reveladores. Si sus afirmaciones son ciertas, quiere decir que encontrar nuestro propósito de vida es algo que nos equilibra por dentro. No solo nos aporta más satisfacción personal, sino que además nos ayuda a mejorar en todas las áreas importantes de nuestra vida, incluida la salud.
El ikigai es como una planta que se riega con tiempo
Una imagen que siempre me ha parecido muy certera es esta: el ikigai es como una planta que no se riega con agua, sino con tiempo. Y para que pueda llegar a florecer, tendremos que regarla de forma constante e invertir en ella las horas suficientes. Si el trabajo que desarrollamos para ganarnos la vida no tiene nada que ver con nuestro ikigai, ¿cuánto tiempo queda realmente para alimentar esa planta? Lamentablemente, poco.
Por eso, una opción que suele aportar mucho valor a las personas es combinar el ikigai con la carrera profesional. Esto nos permitiría dedicar más tiempo diariamente a un propósito que tenga sentido para nosotros y experimentar mayor satisfacción por la labor que realizamos. En muchos países de Asia, y especialmente en Japón, el trabajo se considera una forma primordial de lograr la autorrealización personal. A través del trabajo, las personas nos convertimos en un engranaje útil que ayuda a que una maquinaria mayor pueda funcionar. Ninguno de esos engranajes es fundamental por sí solo, pero la máquina no funcionaría igual sin uno de ellos. Es lo que expresaba con tanta precisión la Madre Teresa de Calcuta:
«A veces sentimos que lo que hacemos es como una gota en el mar, pero el mar no sería igual si le faltara una gota.»
Y esa gota somos nosotros, con nuestro pequeño ikigai. No tiene por qué ser el gran cambio que el mundo necesita; solo hace falta que sume, por muy pequeño que sea. Que al hacerlo sientas que el tiempo que inviertes en él está valiendo la pena.
Te ruego que me disculpes, pero voy a hacerte una pregunta que quizás te resulte un poco incómoda: ¿Sientes que ya has encontrado tu Ikigai? Si la respuesta es negativa, desde aquí me gustaría animarte a que lo busques y no te detengas hasta encontrarlo. No importa qué edad tengas, porque nunca es tarde para ponerse en marcha. Y tampoco te obsesiones demasiado por encontrarlo. A veces lleva su tiempo, y el camino que recorremos hasta que llegamos a él es también una parte bonita de la vida que luego recordaremos con nostalgia. No esperes a encontrar el ikigai perfecto para empezar a disfrutar de tu existencia. Comienza a hacerlo ahora mismo, pero siempre manteniendo la búsqueda de ese propósito que tu ser tanto anhela.
Los beneficios son tan grandes que no podemos permitirnos dejarlo pasar. Tal y como dicen las sabias palabras de este proverbio japonés:
六十の手習い
Roku juu no te narai
Aprendiz de caligrafía a las sesenta
Nunca es tarde para empezar. Y nunca es demasiado pequeño aquello que decidimos ofrecer. Esa es, en mi opinión, la verdadera enseñanza que esconde la palabra ikigai: que el sentido de la vida no se encuentra esperando la gran revelación, sino que se construye, un día y una gota a la vez.





