Geisha: La persona de arte - Marcos Cartagena

Geisha: La persona de arte

Portada episodio 15
Ep. 15 El arte de relativizar
20 enero, 2021
Portada episodio 16
Ep. 16 “Encuentra tu propósito transformador masivo” con Ángel María Herrera
27 enero, 2021
Portada episodio 15
Ep. 15 El arte de relativizar
20 enero, 2021
Portada episodio 16
Ep. 16 “Encuentra tu propósito transformador masivo” con Ángel María Herrera
27 enero, 2021

Geisha

¿Conoces la verdadera historia de las Geishas? ¿Es cierto que proporcionaban servicios sexuales a cambio de dinero? Hay muchos mitos y creencias alrededor de esta figura tan enigmática y representativa del Japón más tradicional. Hoy en la serie Las 100 palabras más bellas de Japón voy a contaros con detalle todo lo que sé acerca de las Geisha, la palabra nº 34, para que podáis profundizar un poco más en la apasionante cultura japonesa.

Geisha

芸者

gei – «arte»
sha – «persona»

La persona de arte

Geishas 1

Consideradas como uno de los estandartes de la cultura japonesa

Las Geishas están consideradas como uno de los estandartes de la cultura japonesa que representa su lado más tradicional. Fueron especialmente populares en los siglos XVIII y XIX. La palabra geisha está compuesta de dos caracteres: , que significa «arte», y , que significa «persona». Leída de forma natural, la traducción es sencilla y al mismo tiempo poderosa: «persona de arte». Y lo que más me fascina de esta denominación es que no indica ni género femenino ni masculino.

De hecho, hay un dato que suele sorprender a todo el mundo cuando lo cuento: en sus orígenes, solo los hombres ejercían esta labor. Con el paso del tiempo, a medida que las mujeres fueron incorporándose a la profesión, algo parecido a una selección natural fue dejando a los hombres fuera del oficio. Por eso hoy casi nadie sabe que los primeros geishas fueron precisamente ellos. Es uno de esos datos que cambia por completo la imagen que uno creía tener sobre algo que pensaba conocer bien.

Las geishas empezaban su carrera en las Okiya (置屋). Son residencias que daban alojamiento a las chicas durante todo el proceso hasta alcanzar la independencia. Era muy habitual que, antiguamente, debido a las hambrunas y la pobreza, los campesinos vendieran a sus hijas a estas casas para que se convirtieran en geishas. Desde el momento en el que entraban en una Okiya, contraían una deuda que iba creciendo conforme se acumulaban los gastos de alojamiento, comida, formación, kimonos y todo lo necesario para su desarrollo. Esa deuda comenzaba a saldarse cuando las chicas empezaban a generar ingresos económicos a través de sus servicios. Las Okiya estaban dirigidas por mujeres conocidas con el nombre de Okasan (お母さん), «madre» en japonés, una figura central en la vida y la carrera de cada geisha.

Geisha 2

Las distintas fases de la formación de las geishas

En su primera fase de formación, a las chicas se las llamaba Shikomi (仕込み). En esta etapa se dedicaban a las tareas del hogar y todo tipo de recados, pero también comenzaban a asistir a una escuela especial, la Karyukai (花柳界), donde se iniciaban en las destrezas propias de una geisha.

Una geisha debía dominar un repertorio de artes impresionante: el baile clásico, las canciones tradicionales, la ceremonia del té, el ikebana o arreglos florales (生け花), la literatura, la poesía y el teatro. Necesitaban dominar bien todas estas disciplinas si querían convertirse en delicadas y refinadas acompañantes en las fiestas que se celebraban en las casas de té, las Ochaya (お茶屋), o en las cenas de los restaurantes tradicionales, los Riotei (料亭).

Tras superar el examen de danza, la joven podía estrenarse como Minarai (見習い), nombre que significa literalmente «la que aprende mirando». A partir de ese momento ya podía pintarse únicamente el labio inferior de color rojo. En ese punto era necesario encontrar una geisha experimentada que la acogiera como aprendiz. La Okasan asignaba una compensación a estas geishas por ejercer de mentoras. Durante esta etapa, la joven debía absorber todo lo posible de quien se convertiría en adelante en su Oneesan (お姉さん), es decir, su «hermana mayor» en japonés. Me parece un concepto precioso: el nombre Minarai lo resume todo, porque en Japón observar con atención genuina es ya una forma de aprender.

Esta unión se hacía firme a través de un ritual sintoísta conocido con el nombre de San-san-kudo. La aprendiz y su futura mentora se ofrecían mutuamente tres copas de sake. Al final del ritual, la aprendiz recibía un nuevo nombre compuesto por dos símbolos, uno de los cuales pertenecía también al nombre de la geisha mentora. Una forma simbólica de unirlas para siempre. Desde ese momento, la mentora llevaría a su aprendiz como acompañante a las fiestas en las que fuera contratada, para presentarla y atraer hacia ella la atención de los clientes. La intención era enseñarle de primera mano cómo llegar a ser una geisha de verdad.

Al cabo de un tiempo, la Minarai pasaba a convertirse en Maiko (舞子), nombre utilizado para las aprendices de Geisha. Comenzaría a vestir un kimono con el cuello rojo y podría pintarse, al fin, los dos labios de color rojo. Su maquillaje cambiaba, así como su peinado. Sin embargo, aún tardaría aproximadamente cuatro o cinco años en adquirir el estatus de geisha plena y poder cambiar el cuello de su kimono de rojo a blanco. Durante todo ese tiempo, continuaba con la formación y el perfeccionamiento de las artes tradicionales.

Geisha 3

La alta educación de las Geishas

Una geisha debía estar a la altura de sostener conversaciones con personas de un gran nivel cultural. La mayoría de los clientes de las geishas disponían de un alto estatus social y un elevado poder adquisitivo. Los servicios que ofrecían eran muy costosos y duraban un tiempo limitado. Este se medía mediante una varilla especial de incienso que se encendía al comienzo de la reunión. Cuando se consumía por completo, daba por finalizado el tiempo contratado. Sencillo y elegante, como tantas cosas en Japón.

La formación acumulada que las geishas adquirían a lo largo de los años era sencillamente asombrosa. Realmente hacían honor al significado de «persona de arte», porque tenían que invertir miles de horas en dominar todas las disciplinas que las llevarían a florecer como profesionales capaces de cumplir las expectativas de los clientes más exigentes. No es exagerado decir que una geisha era, en muchos sentidos, una artista completa.

Las 87 palabras más bellas y sabias de Japón, el libro de Marcos Cartagena

Geisha 5

La ceremonia Mizuage y la virginidad de una Maiko

Cuando la Okasan consideraba que había llegado el momento, la Maiko comenzaba a prepararse para una nueva ceremonia denominada Mizuage. Literalmente se traduce como «salir del agua» y venía a simbolizar el momento en el que la joven se convertía en mujer adulta. La Okasan ponía de manifiesto públicamente que la Maiko que tenía a su cargo había alcanzado la madurez. Dada su juventud y su inexperiencia sexual, su propio Mizuage se convertía en un símbolo muy valioso para los hombres adinerados que frecuentaban el mundo de las geishas. La virginidad de la Maiko era subastada al mejor postor, elegido de entre los clientes habituales y de confianza de la Okiya. Cuanto más popular y famosa era la Maiko, mayor era la suma que se ofrecía.

La ceremonia tenía una duración de siete días en los que se preparaba a la joven para el encuentro. En el séptimo día tenía lugar el acto íntimo con quien había resultado ser el mejor postor.

Una vez consumada la ceremonia del Mizuage, el hombre que había participado en ella podía o no convertirse en el Danna de la joven.

El Danna y la Geisha

Tradicionalmente, el Danna era un hombre rico, conocido dentro del barrio y cliente regular de alguna de las casas de té del Hanamachi. El Danna aportaba una cantidad mensual a la geisha para que pudiera hacerse cargo de todos sus gastos: manutención, formación, vestuario y accesorios. Era como un patrocinador que velaba por que la chica pudiera desarrollar una fructífera carrera.

A cambio de esa cuantiosa inversión, el Danna disfrutaba de ciertos privilegios: atenciones especiales, prioridad a la hora de acudir a sus fiestas y banquetes, y el tiempo libre de la geisha era, en esencia, para él. La mujer no podía quedar con otro hombre fuera de las horas de trabajo sin consultarlo previamente con su Danna.

Convertirse en Danna no era sencillo. El interesado debía pasar por varias instancias: primero la dueña de la Ochaya, luego la Okasan de la geisha, y finalmente una reunión en la que se hablaba con claridad y detalle sobre las condiciones económicas. La propia geisha tenía la potestad de aceptar o rechazar al aspirante. Y si la relación llegaba a formalizarse, no era necesario firmar ningún papel. Se decía en el mundo del Hanamachi que «si no se puede confiar en alguien sin un papel, tampoco hay razón para firmarlo». Una máxima que dice mucho de cómo funcionaban esas relaciones.

En caso de que alguna de las dos partes quisiera cancelar el acuerdo, la parte que decidiera poner fin a él debía realizar un pago de compensación de una cuantía conocida como Mazu.

Geisha 6

¿Se prostituían las geishas?

Existen muchos mitos acerca de las geishas. Uno de ellos es el de la prostitución. Hay numerosos defensores de esa afirmación, pero según la mayoría de los historiadores, es falsa. Las geishas no tenían relaciones sexuales con sus clientes, porque para eso estaban las Oiran, que sí eran prostitutas.

Sí era habitual que una Geisha tuviera el apoyo de un Danna, del que ya hemos hablado, pero ni siquiera este tenía la potestad de acostarse con ella. Con esto no estoy diciendo que no ocurriera nunca, pero en caso de suceder, era algo que se mantenía en la más estricta discreción. La confusión entre geisha y prostituta es uno de los malentendidos más extendidos sobre la cultura japonesa, y creo que vale la pena aclararlo con la mayor honestidad posible.

La ceremonia Erikae: de Maiko a Geiko

Aproximadamente cuando la Maiko cumplía los veinte años de edad, y siempre bajo el criterio de su Okasan, llegaba el momento de convertirse en una geisha plena. En el mundo de Kioto, a las geishas que han alcanzado el punto más alto de la escala se las conoce como Geiko (芸子), un término que me parece especialmente bello porque remite directamente al dominio del arte como razón de ser. La ascensión de Maiko a Geiko se realizaba a través de una ceremonia conocida con el nombre de Erikae.

En ella, la Maiko cambiaba su forma de vestir: pasaba a utilizar un kimono Kosode en vez del Furisode que había llevado hasta entonces. También cambiaba el color del cuello de su kimono, de rojo a blanco, así como su maquillaje y su peinado. A partir de ese momento era ya una geisha con experiencia y, como tal, dejaba atrás la apariencia más pomposa y llamativa de las Maiko para lucir una imagen más sobria y madura. Ya no necesitaba llamar la atención con su aspecto porque podía hacerlo con el elevado dominio que tenía de las artes. La imagen lo dice todo: menos ornamento, más profundidad.

Geisha 7

Las Geisha en la actualidad

En la actualidad, las geishas siguen existiendo y en los últimos años, a pesar de que habían descendido bastante en número, han vuelto a repuntar debido al interés general que se ha despertado alrededor de su figura. Es curioso comprobar que los procesos de formación para convertirse en geisha y la manera en la que se prestan los servicios apenas han variado con respecto a la antigüedad. El tiempo pasa, pero algunas cosas permanecen.

El aspecto más positivo de las Geishas del siglo XXI es que son las propias chicas quienes eligen esta vida, siendo plenamente conscientes de todo lo que conlleva. La profesión acarrea una serie de sacrificios: la grandísima cantidad de horas invertidas en la formación, vivir en la Okiya en lugar de en la propia casa, aceptar que hasta la retirada será muy difícil conciliar una relación amorosa estable, y aprender a convivir con la incomodidad de un peinado que no se puede deshacer durante varios días y que obliga a dormir sobre una especie de almohada dura que apenas abarca la base del cuello.

Atrás quedaron costumbres más propias del pasado, como la ceremonia del Mizuage, que quedó abolida a partir de mediados del siglo XX con la prohibición de la prostitución, o los patrocinios y privilegios del Danna tal como se practicaban en el mundo tradicional del Hanamachi.

Lo que las Geisha nos enseñan

El principal aprendizaje que extraigo a nivel personal de esta figura tan enigmática es la increíble voluntad de las chicas que eligen esta vida por mantener vivas unas tradiciones que en la época que vivimos parecen casi inverosímiles. Su amor por la cultura japonesa las lleva a hacer un esfuerzo enorme por no dejar morir una costumbre que en cualquier otro país del mundo sería, sencillamente, insostenible.

Me llena de satisfacción comprobar que en Japón han sabido conservar las tradiciones más ancestrales a pesar de la modernidad imperante. Estamos ante un país sumamente industrializado en el que todavía hay luchadores de sumo, ceremonias del té en las que los asistentes van vestidos de kimono, geishas paseando por sus calles empedradas y muchos otros elementos culturales propios del pasado que permanecen hoy prácticamente intactos. Este es, sin duda, uno de los aspectos que más llama la atención a todos los que deciden hacer las maletas para viajar hasta allí y aventurarse entre sus fronteras. Como guía que ha acompañado a decenas de personas y ha compartido con ellas lo que más ama de esa cultura, lo sé de buena tinta.

¿Cómo consigue Japón ese equilibrio tan extraordinario entre lo más antiguo y lo más moderno? No creo que haya una respuesta sencilla. Pero sí creo que tiene que ver con algo muy profundo en la mentalidad japonesa: el respeto hacia lo que vino antes, hacia quienes construyeron la cultura que uno ha heredado. Ver a una Geiko caminar por las calles de Gion al anochecer es una de esas experiencias que no se olvidan fácilmente. No porque sea pintoresca, sino porque te recuerda que hay cosas que merecen la pena cuidar y preservar, aunque el mundo a tu alrededor cambie a toda velocidad.

Escucha el Hanasaki Podcast de Marcos Cartagena en Spotify

¿De cuánta utilidad te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuar!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 39

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Comments are closed.