Shoshinsha: El eterno aprendiz - Marcos Cartagena

Shoshinsha: El eterno aprendiz

Portada episodio 4
Ep. 4 “Construye una marca personal sólida” con Fabián González
3 noviembre, 2020
Portada episodio 5
Ep. 5 La risa como medicina, el plan relax y las transiciones entre actividades (Paz Interior)
11 noviembre, 2020
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Shoshinsha

Hay varias cualidades que aprecio y admiro de Japón. Una de ellas es la humildad que caracteriza a una gran parte de los japoneses. Shoshinsha es una palabra que representa la voluntad por mantenerse en constante aprendizaje, porque de algún modo se asume que siempre queda un largo camino por delante y que, por mucho que ya hayamos avanzado, ese camino no terminará nunca. Hoy llega la nº 30 de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón, donde hablaremos de lo valiosa que puede llegar a ser una actitud humilde que en ningún momento nos haga creer que ya hemos llegado tan alto que no podemos seguir avanzando.

Shoshinsha

初心者

El eterno aprendiz

Mi conexión con Japón empezó hace mucho tiempo. Uno de los nexos más importantes que tengo con su cultura es la práctica del arte marcial del kárate. Desde que recibí mi primera clase quedé cautivado, no solo por los movimientos de combate y defensa que nos enseñaban, sino también por la filosofía y el estilo de vida que lo envolvían.

Recuerdo perfectamente el primer día que pisé el tatami. Había algo en aquella sala, en el silencio respetuoso antes de comenzar, en la reverencia inicial, que me indicaba que aquello iba mucho más allá de aprender a dar patadas o puñetazos. Era un mundo con sus propias reglas, su propio lenguaje y, sobre todo, su propia manera de entender la vida. El cuerpo se entrena, sí, pero el espíritu se transforma.

Cuando una persona se convierte en karateka, no deja de serlo nunca. Es un espíritu que se apodera de ti. Una esencia que corre por tus venas. Sin duda, las artes marciales japonesas tienen algo que engancha. Yo me atrevería a decir que en parte se debe a los valores que nos transmiten cuando entrenamos. No son valores decorativos ni frases en la pared del dojo. Son principios que vas interiorizando con cada sesión, con cada caída, con cada intento de mejorar un poco más que el día anterior.

A continuación, os enumero los principios fundamentales del kárate:

  • Rectitud para actuar con responsabilidad y justicia
  • Coraje para afrontar retos y superarlos
  • Bondad que permita la paciencia y la tolerancia
  • Cortesía que muestre el respeto por los demás y el entorno
  • Honor que muestre aprecio y defensa de la dignidad propia
  • Autodominio para poder tener control sobre los actos, las emociones y las palabras
  • Amistad para ayudar cuando sea necesario y unirse en un bien común
  • Humildad para que la soberbia no se apodere de nosotros y nos impida alcanzar nuestra mejor versión

humildad

La humildad es la base del Shoshinsha

La palabra japonesa shoshinsha se refiere al último de esos principios. Su traducción literal es aprendiz y, aunque se suele utilizar simplemente para hablar de los practicantes noveles —aquellos que acaban de empezar en algo—, tiene otro mensaje oculto mucho más profundo. Se trata del espíritu del eterno aprendiz, del que se autodenomina como shoshinsha con independencia del tiempo que lleve en los entrenamientos o en cualquier otra disciplina de la vida.

Es una de esas palabras japonesas que, cuanto más tiempo pasas con ella, más capas le vas descubriendo. Al principio parece sencilla: un aprendiz es alguien que empieza. Pero cuando entiendes que los grandes maestros del kárate, personas que llevan décadas practicando, se siguen considerando a sí mismos shoshinsha, la palabra adquiere una dimensión completamente diferente.

Esta forma de interpretar la palabra es frecuente en los grandes maestros de artes marciales nipones. No importa el tiempo que lleven practicando; en todo momento sienten que todavía son shoshinsha. Y lo sienten de verdad, no como pose de humildad fingida. Lo sienten porque han comprendido algo que a la mayoría nos cuesta mucho aceptar: que el conocimiento verdadero te hace consciente de todo lo que todavía no sabes.

Las 87 palabras más bellas y sabias de Japón, el libro de Marcos Cartagena

Como decía uno de los filósofos más influyentes de la historia: «Solo sé que no sé nada». Sócrates era un erudito de la antigua Grecia, admirado por su palpable sabiduría y la grandísima cantidad de conocimientos que había acumulado a lo largo de su vida. Sin embargo, él era un shoshinsha. Sócrates afirmaba con rotundidad cuando lo cubrían de elogios que, en realidad, no era merecedor de tan grandes palabras. Y no lo decía por hacerse modesto. Lo decía de corazón, ya que era consciente de que cuanto más aprendía, más evidente se hacía el hecho de que todavía le quedaba mucho por aprender.

Hay algo enormemente liberador en esta idea. Cuando dejamos de sentirnos obligados a aparentar que ya lo sabemos todo —cuando abandonamos esa necesidad de demostrar que hemos llegado a algún lugar—, el aprendizaje se convierte en un espacio abierto y sin límites. El maestro que se reconoce como shoshinsha puede seguir creciendo precisamente porque no ha cerrado ninguna puerta. El que cree que ya ha llegado, en cambio, ha dejado de avanzar aunque no lo sepa.

Desde mi punto de vista, ser shoshinsha no significa vivir en la irrealidad de creer que no sabemos nada cuando no es así, pues es posible que llevemos muchos años aprendiendo. Lo que significa es que somos conscientes de que, por muy larga que sea nuestra vida, nunca llegaremos a nuestro destino, porque la línea de meta no existe. El aprendizaje es como el universo: infinito.

Si esta es nuestra creencia verdadera y aceptamos que no hay un propósito que alcanzar, sino una dirección que hemos decidido seguir, entenderemos que la satisfacción no te la proporciona llegar a un punto determinado. La plenitud llega cuando empiezas a disfrutar del camino. Y curiosamente, esta es la forma a través de la cual llegarás mucho más lejos de lo que nunca hubieras podido imaginar.

Yo lo he experimentado en el kárate y lo he visto en los mejores maestros que he tenido la suerte de conocer a lo largo de estos años. Aquellos que más saben son los que más preguntan, los que más escuchan, los que nunca dan nada por sentado. No hay soberbia en ellos porque la soberbia es, al fin y al cabo, el mayor obstáculo para el crecimiento. El shoshinsha lleva siempre consigo una mente abierta. Y una mente abierta puede llenarse de todo lo que el mundo tiene para ofrecer.

Así que si tienes que quedarte con una sola idea de esta entrada, que sea esta: no importa lo que ya sabes. Importa lo que todavía estás dispuesto a aprender.

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