Honne: El verdadero sentir de una persona - Marcos Cartagena

Honne: El verdadero sentir de una persona

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Hoy os entrego la palabra nº 9 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. Nos enseñará que en lo más oculto de nuestro ser, siempre hay algo que solo nosotros conocemos.

Honne (本音) es uno de esos conceptos japoneses que, en cuanto los conoces, se te quedan grabados para siempre. Hace referencia a los sentimientos auténticos que residen en nuestro interior: esa verdad propia que no puede ser ignorada, aunque en ocasiones tratemos de esconderla detrás de una fachada que no refleja la realidad. Es lo que llevamos dentro y que sabemos que es así por mucho que queramos engañarnos a nosotros mismos. Es aquello que sentimos de verdad, a pesar de que, en ocasiones, pretendamos ocultar y camuflar con una apariencia que no le hace justicia. En una sola palabra, es el verdadero sentir de las personas.

Cuando estudié los kanji que forman esta palabra, me pareció muy significativo conocer su traducción literal:

hon – «origen»

ne – «sonido, voz»

Se podría decir, por tanto, que honne significa literalmente «la voz original» o «el sonido que surge desde dentro». De ahí que lo interpreten como «el verdadero sentir». No hay traducción más honesta ni más exacta, porque eso es exactamente lo que es: la voz que viene de tu origen, de lo más genuino de ti, antes de que el mundo te enseñe a callarla o a disimularla.

Una de esas facetas que descubres de Japón cuando te adentras entre sus fronteras el tiempo suficiente es que, en numerosas ocasiones, los japoneses no te dejan ver lo que de verdad guardan en su interior. Te muestran la cara políticamente correcta, que es algo que han bautizado con el nombre de Tatemae: la cara exterior, la máscara social. Y es que llegar al interior de un japonés es mucho más difícil de lo que uno se puede imaginar. Son celosos de sus sentimientos más profundos y solo los muestran a un grupo reducido de personas que forman parte de su círculo más interno e íntimo. Esa contención no nace de la frialdad, sino de una cultura que valora profundamente la armonía del grupo y que ve la exposición del yo interior como algo que se reserva para los más cercanos.

Por eso es tan difícil para los extranjeros adaptarse a la vida en Japón una vez que deciden asentarse en el país como un ciudadano más. Muchos coinciden en decir que Japón es un lugar extraordinario para visitar durante una temporada, pero que si quieres vivir en él de verdad y abrirte un hueco en su sociedad, tendrás que enfrentarte a las barreras que te separan de llegar a ver el honne de las personas con las que convives. Y esa distancia, si no se gestiona bien, puede convertirse en una soledad profunda y silenciosa.

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No obstante, aunque esta sea una singularidad que la mayor parte de los japoneses comparten, si lo pensamos bien, no sería descabellado decir que todos los seres humanos poseemos un honne. Un mundo interior que únicamente un grupo reducido de allegados conoce de verdad. En lo más recóndito de nuestra alma existe una porción oculta para la mayoría, que solo mostramos cuando nos sentimos libres de juicios y en paz con lo que nos rodea.

Y aquí está la enseñanza más importante: el hecho de tener un honne no es algo negativo por sí mismo. Es natural. Es humano. Todos reservamos una parte de nosotros mismos. El problema llega cuando ese honne se entierra tan profundo que dejamos de tener acceso a él incluso nosotros mismos. Cuando lo ignoramos tanto que se convierte en una fuente de desgaste emocional, en un agujero negro que nos consume por dentro y nos apresa en una cárcel de barrotes imaginarios que nos impide ser quienes realmente somos.

Quizás sea precisamente este uno de los dilemas más relevantes que tienen los japoneses. Su cultura exige una contención tan grande del yo verdadero que, en ocasiones, el honne acaba volviéndose en su contra. Pero no es algo exclusivo de ellos. A veces, en nuestra propia vida cotidiana, también ocurre. También nosotros guardamos demasiado. También nosotros pagamos el precio de esa distancia con uno mismo.

Mi propuesta con esta reflexión es que veamos con más claridad la necesidad de no guardar tan adentro nuestros sentimientos verdaderos. Que aprendamos a compartirlos con las personas que sabemos que nos quieren y nos valoran de verdad. Un mundo interior demasiado grande puede apoderarse de tu espíritu y convertirte en un desconocido incluso para ti mismo. Y eso, más que una fortaleza, acaba siendo una trampa.

El honne nos recuerda que tenemos una voz interior que merece ser escuchada. Primero por nosotros mismos, en la honestidad de la soledad. Y, cuando encontramos el espacio seguro para ello, también por los demás. Esa es la diferencia entre cargar con tu verdad en silencio y vivir desde ella con libertad.

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