Hana Fubuki: Tormenta de pétalos - Marcos Cartagena

Hana Fubuki: Tormenta de pétalos

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Esta semana te traigo una palabra que a mí especialmente me gusta mucho. La número 8 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. Gracias a su significado te darás cuenta de que cuando parece que algo ya ha acabado, todavía puede seguir sorprendiéndote.

Hana Fubuki

Uno de los fenómenos más esperados del año para los japoneses es la floración de los cerezos. Durante todo el invierno, las ramas secas de estos preciados árboles aguardan en silencio el momento de anunciar la llegada de la primavera. Hay algo profundamente japonés en esa espera: una paciencia tranquila, una confianza serena en que la naturaleza cumplirá su parte del trato sin que nadie tenga que empujarla.

A medida que las temperaturas empiezan a subir, de forma progresiva los capullos cerrados que hasta ahora eran casi invisibles comienzan a abrirse. Y en poco tiempo, las flores inundan allá a donde alcanza la vista. Es un espectáculo de la naturaleza tan bonito que te encoge el corazón si tienes la suficiente sensibilidad como para apreciar la grandísima belleza que desprende. Los japoneses lo llaman hanami —literalmente “contemplar las flores”— y lo celebran reuniéndose bajo los cerezos con familia y amigos, a menudo con comida, sake y música tranquila de fondo. Es una tradición que lleva más de mil años cultivándose con mimo, y que yo he tenido la fortuna de vivir en primera persona más de una vez.

Sin embargo, cuando crees que ya nada puede superar ese momento de clímax, los cerezos te hacen un último regalo. Después de florecer y mostrar el enorme potencial que tenían en su interior, con el paso de los días los pétalos comienzan a desprenderse. De tal forma que cada vez que sopla una brisa de aire, miles de pétalos salen volando dando forma al viento. Los japoneses conocen este acontecimiento como:

花 → Hana → Flor o pétalo     吹雪 → Fubuki → Tormenta de nieve

Su traducción sería algo así como tormenta de pétalos o nieve de primavera. No solo es un momento mágico en el que los pétalos te acarician la cara mientras viajan por el aire, sino que al caer, el suelo, las aceras, el musgo, la hierba… todo se llena de colores rosados y blancos. Después de florecer, gracias al Hana Fubuki el sakura continúa impregnando nuevos lugares con su belleza.

Aquí te comparto un vídeo para que puedas ver la belleza de los pétalos caer a cámara lenta:

Las 87 palabras más bellas y sabias de Japón, el libro de Marcos Cartagena

Lo que más me fascina de todo esto es que el sakura no termina cuando termina. Hay una enseñanza enorme en esa idea, si uno se para a escucharla de verdad.

En Japón existe una estética muy profunda que se llama mono no aware: la belleza de las cosas precisamente porque son pasajeras. No a pesar de que se acaben, sino gracias a ello. Los pétalos son hermosos en el árbol, sí. Pero son igualmente hermosos —quizás incluso más— cuando caen. Cuando se desprenden y se convierten en parte de otro lugar, de otro momento.

Muchas veces en la vida creemos que lo mejor ya pasó. Que aquella relación, aquel proyecto, aquella etapa de energía y motivación ya quedó atrás y no volverá. Y lo que el Hana Fubuki nos recuerda es que incluso lo que ya floreció puede seguir regalando belleza de otras formas. Los pétalos que caen no son el final de la flor: son una nueva manera de estar en el mundo, de tocar otros suelos, de colorear otros rincones.

Yo he pensado mucho en esto a lo largo de los años que llevo conectado con Japón. Hay etapas de mi vida que creí definitivamente cerradas y que, sin embargo, se transformaron en algo distinto y más rico de lo que nunca hubiera imaginado. El árbol no llora cuando el pétalo cae. Confía en que el viento lo llevará exactamente a donde tiene que ir.

Quizás nosotros también podríamos aprender a hacer lo mismo: soltar con gracia, confiar en el proceso, y descubrir que lo que creíamos el final era, en realidad, el comienzo de algo nuevo y hermoso.

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