Sakura: el significado de la flor del cerezo japonés
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Sakura

Esta posiblemente sea una de las palabras más conocidas del idioma japonés en el extranjero. Sakura se traduce como flores de cerezo y describe la belleza de este árbol cuando llega el momento de la floración. Especialmente en Japón, hay millones de cerezos repartidos por todo el país que, cuando el invierno empieza a dejar paso a la primavera, se cubren de flores blancas y rosas convirtiendo el paisaje en un auténtico espectáculo. Es uno de esos momentos en que la naturaleza te detiene en seco y te recuerda que hay cosas que van mucho más allá de lo cotidiano.

Sakura

Flores de cerezo

Ningún otro cerezo del mundo es capaz de albergar tantas flores juntas como las diferentes variedades que crecen en el país del sol naciente. Los japoneses las han ido seleccionando con el paso del tiempo, primando la flor al fruto. Por eso, las cerezas que producen estos árboles son prácticamente inexistentes o muy escasas. A cambio, son capaces de cubrir todas sus ramas con tupidos pompones de flores, hasta el punto de que el árbol entero parece transformarse en una nube blanca y rosada suspendida entre el cielo y la tierra.

Cada año, cuando se acerca la primavera, los japoneses siguen con atención los pronósticos de floración y planifican con tiempo las salidas para contemplar los cerezos en todo su esplendor. No es un evento menor: es una celebración colectiva de la belleza, un momento de pausa compartida en medio del ritmo frenético de la vida moderna. Y todo eso para contemplar unas flores que han tardado doce meses en llegar y que apenas durarán unos días. Esa desproporción entre la espera y la permanencia es, precisamente, la clave de todo su significado.

El Sakura es un fenómeno que tiene un gran simbolismo para los japoneses. Para ellos, este acontecimiento de la naturaleza nos enseña dos saberes importantes que van mucho más allá de la simple admiración estética.

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Sakura aprendizaje 1

La vida es bella pero efímera

Un año completo es el tiempo que tenemos que esperar para poder contemplar la grandeza del Sakura. Y tan solo unos pocos días tienen que pasar para que desaparezca como si nunca hubiera existido. Todo lo que tiene un comienzo también tiene un final. Por ello, siendo conscientes de que nada es para siempre y de que, en ocasiones, como con el Sakura, su permanencia será limitada y breve, con más motivo hay que valorar el instante en el que te encuentras y apreciar esos pequeños regalos que la vida nos hace.

Creo que esta es una de las enseñanzas más difíciles de integrar desde nuestra mentalidad occidental. Estamos tan acostumbrados a buscar lo permanente, lo duradero, aquello que no cambia, que cuando algo bello desaparece lo vivimos como una pérdida o incluso como un fracaso. Los japoneses, en cambio, han aprendido a ver en esa fugacidad una razón de más para apreciar el presente. El cerezo en flor es hermoso precisamente porque saben que no va a durar. Y esa conciencia, lejos de entristecerles, lo hace todavía más precioso.

Nunca es tarde para renacer de tus cenizas

La brisa fresca del otoño enrojece las hojas verdes del cerezo y las hace caer. Luego, con el invierno, hasta la última de ellas desaparece y deja atrás un tronco aparentemente inerte y carente de vida. Sin embargo, cada primavera ocurre el mismo milagro: lo que parecía muerto y estéril se convierte en una de las creaciones más gloriosas que la madre naturaleza ha sido capaz de producir.

Los cerezos nos enseñan que nunca es tarde para volver a empezar y que, de la misma forma que ocurre cuando llega el Sakura, siempre estamos a tiempo de sacar ese gran potencial que llevamos dentro. Las segundas oportunidades se encuentran a la espera de que decidamos hacer uso de ellas.

Hay épocas en la vida que se parecen mucho al invierno del cerezo: todo parece quieto, sin brillo, sin señales de que algo pueda florecer de nuevo. Pero la naturaleza nos recuerda que ese letargo no es el final, sino la preparación silenciosa para algo extraordinario. El cerezo no lucha contra el invierno; lo atraviesa con paciencia, confiando en que llegará su momento. Quizás esa sea la lección más profunda que nos deja el Sakura: la confianza en que, tarde o temprano, siempre llega la primavera.

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Esta palabra forma parte de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón. Descúbrelas todas.

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