Datsusara: Dejar un trabajo que no te motiva para iniciar tu propio proyecto personal - Marcos Cartagena

Datsusara: Dejar un trabajo que no te motiva para iniciar tu propio proyecto personal

Portada episodio 41
Ep. 41 Come lo más ecológico que puedas, Practica el ayuno intermitente y ten presente el dicho de Okinawa Nuchi Gusui (Salud)
21 julio, 2021
Episodio 42
Ep. 42 “Descubre cómo los modelos mentales te pueden hacer la vida más fácil” con Jaime Rodríguez de Santiago
28 julio, 2021
Portada episodio 41
Ep. 41 Come lo más ecológico que puedas, Practica el ayuno intermitente y ten presente el dicho de Okinawa Nuchi Gusui (Salud)
21 julio, 2021
Episodio 42
Ep. 42 “Descubre cómo los modelos mentales te pueden hacer la vida más fácil” con Jaime Rodríguez de Santiago
28 julio, 2021

Datsurara

Cada vez lo vemos más en personas que conocemos. Se va haciendo frecuente el hecho de que alguien decida dejar un trabajo con el que había conseguido estabilidad para iniciar un proyecto personal lleno de incertidumbre. Personas que se habían esforzado mucho para cumplir con ese camino preestablecido en el que parece que la única opción que existe consiste en encontrar un buen empleo con el que tener la vida resuelta.

Conocemos bien ese relato. Estudia, saca buenas notas, consigue un trabajo estable, ahorra para una hipoteca, jubílate. Es el guión que nos han repetido hasta aprenderlo de memoria. Y durante mucho tiempo, para la mayoría, ese guión tenía sentido. Pero algo está cambiando. Cada vez más personas se preguntan si ese camino, por muy seguro que sea, realmente merece la pena si no están disfrutando del trayecto.

Son personas que deciden arriesgarse por un único motivo: dedicarse a aquello que realmente les motiva y alinear su vida profesional con lo que consideran que es su ikigai. En Japón este hecho tiene una palabra propia: Datsusara.

Datsusara

脱サラ

Dejar un trabajo que no te motiva para iniciar tu propio proyecto personal

脱 – datsu – «escaparse de»

サラ – sara – «trabajador de una empresa»

Como ves, simplemente analizando las dos partes que componen la palabra, ya podemos hacernos una idea bastante clara de su significado. Escapar de ese trabajo que te roba la energía y con el que no te sientes pleno.

Vale la pena detenerse un momento en ese segundo elemento, el sara. En Japón, el modelo del «salaryman» tiene una presencia enorme en la cultura del trabajo. Se trata del empleado que entrega su energía, su tiempo y muchas veces su identidad entera a la empresa, a cambio de estabilidad y de un sentido de pertenencia al grupo. Es un modelo que durante décadas funcionó y que en muchos sentidos construyó el Japón moderno. Pero también tiene un coste personal muy alto. El datsusara es, en ese contexto, casi un acto de rebeldía: la decisión de poner el propio propósito por encima de la seguridad que ofrece el sistema. Y esa decisión, en una sociedad tan orientada al colectivo y a la lealtad corporativa como la japonesa, requiere una valentía poco común.

Las 87 palabras más bellas y sabias de Japón, el libro de Marcos Cartagena

Por supuesto, no todo el mundo debería hacer esto. Hay muchos trabajadores felices que se sienten a gusto con el puesto que desempeñan. Todos ellos están bien donde están, y meterse en una aventura de semejante envergadura seguramente no sería lo más conveniente. Cada persona tiene su propio mapa, y lo importante es que ese mapa sea el suyo, no el que otros han dibujado para ellos.

Pero por desgracia hay mucha gente que no se siente así. Muchas personas que, cada mañana al despertarse, notan el peso de tener que ir a trabajar. Para ellas, su actividad laboral es una forma de conseguir el dinero que necesitan cada día para vivir. Solo cambian tiempo por dinero, pero no hay nada más. No hay propósito ni satisfacción por la labor que realizan. Podrían estar haciendo eso o cualquier otra cosa. En realidad, cambiarían de trabajo por otro que les ofreciera unas condiciones un poco mejores. Y eso, siendo honesto, me parece una forma muy cara de pasar la mayor parte del tiempo que tenemos disponible.

No voy a ser yo quien critique esta forma de vida. Cada uno es dueño de su tiempo y de las decisiones que toma. No se puede decir que unas sean mejores que otras. Sin embargo, no hay que olvidar que el trabajo representa una de esas áreas importantes en las que invertimos una gran parte de nuestra existencia. Veámoslo en cifras.

Si una persona trabaja ocho horas diarias, haría un total de cuarenta horas semanales. Al mes serían 160, y en un año serían 1.920. En diez años habría trabajado 19.200 horas, y en cincuenta años haría un total de 96.000 horas. Si lo dividimos entre las veinticuatro horas que dura un día, sería como si estuviéramos cuatro mil días trabajando sin descanso. O lo que es lo mismo, once años consecutivos ejecutando esa misma actividad.

Es mucho, ¿no? Se puede decir que es una porción muy importante de nuestra vida. Y cuando lo pienso así, en bloque, algo se me revuelve por dentro. Porque esas horas no van a volver. No hay forma de recuperarlas. Mi pregunta es: ¿de verdad queremos que transcurra todo ese tiempo mientras deseamos que pase rápido?

Si la respuesta es no, entonces tenemos tareas por delante. Lo primero, definir un ikigai con el que nos sintamos conectados, ese cruce entre lo que amamos, lo que se nos da bien, lo que el mundo necesita y por lo que alguien está dispuesto a pagarnos. Lo segundo, construir un plan coherente que nos lleve hasta ahí, para evitar en todo lo posible tomar decisiones a lo loco o dejarnos llevar solo por el impulso del momento. Y por último, hacer todo lo necesario para poder dedicarnos a una profesión que vaya acorde a ese propósito, ya sea trabajando por cuenta ajena o propia. En realidad, eso no importa. Lo que importa es que sintamos que estamos haciendo algo que para nosotros vale la pena.

Lo sé, es fácil de decir y difícil de hacer. Pero aunque sea difícil, ¿significa eso que es imposible? ¿Acaso el ser humano no ha demostrado ya que tiene capacidad para lograr esto y mucho más? Seguramente no sea un camino de rosas. Habrá momentos de duda, de miedo, de querer dar marcha atrás. Pero si desarrollamos una determinación inquebrantable por hacerlo realidad, estoy convencido de que tendremos fuerza de sobra para conseguirlo.

El datsusara no es para todo el mundo. Pero para quien lo siente como una llamada, ignorarla tiene un precio que a veces no se paga en el banco, sino en algo mucho más difícil de recuperar: la sensación de haber vivido una vida que no era del todo la tuya.

Escucha el Hanasaki Podcast de Marcos Cartagena en Spotify

¿De cuánta utilidad te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuar!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 83

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Comments are closed.