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Ha llegado la hora de hablar de una de esas palabras que le van a alegrar el día a nuestro cuerpo. Se trata de la nº 21 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon.
Nuchi Gusui
ぬちぐすい
“Que tus alimentos sean tu medicina”
Okinawa es una de las regiones del mundo en las que la gente vive más tiempo. A lo largo de la década de los ochenta, la revista National Geographic realizó un estudio en el que identificó las cinco zonas azules del planeta. Son localizaciones en las que, por razones que los investigadores llevan décadas intentando desgranar, la esperanza de vida de sus habitantes supera con creces la media mundial. El archipiélago de Okinawa es el más importante de estos cinco puntos, y de entre todas las razones que podrían explicar esa longevidad extraordinaria —el clima, el sentido de comunidad, el ritmo de vida—, la alimentación ocupa siempre un lugar central en la conversación.
Y en el dialecto de Okinawa existe una palabra que resume esa filosofía mejor que cualquier manual de nutrición. Se escribe así:
ぬちぐすい
(Nuchi gusui)
La palabra nuchi proviene de inochi (命), que en japonés significa “vida”. La palabra gusui proviene de kusuri (薬), que significa “medicina”. Juntas forman algo que es a la vez proverbio y forma de entender el mundo: “Que tus alimentos sean tu medicina”.
No es una metáfora poética vacía. En Okinawa es, literalmente, una manera de vivir. Sus habitantes creen firmemente que la mejor medicina se encuentra en los alimentos que ingerimos cada día y que la salud está profundamente relacionada con aquello que ponemos en el plato. No es casual que entre sus filas abunden los centenarios y que la calidad de vida que mantienen a edades avanzadas resulte asombrosa para el resto del mundo.
En los días que pasé en Ogimi —considerado el pueblo con mayor esperanza de vida del planeta— estudiando los hábitos de sus habitantes, tuve la suerte de conocer y entrevistar a Emiko Kinjo (笑味子). Es la propietaria del restaurante Emi no mise (笑味の店) y, en los últimos años, se ha convertido en una figura muy reconocida en todo Japón. Está considerada una experta en la elaboración de recetas que favorecen la longevidad, y no es extraño que diferentes medios de comunicación se desplacen hasta esas islas para hacerle una entrevista. Lo curioso es que ella no se presenta como nutricionista ni como médica. Se presenta simplemente como cocinera.
Lo primero que llama la atención de su restaurante es que todos los ingredientes que utiliza en la cocina los cultiva ella misma en su huerta de forma ecológica. Por este motivo, el menú va cambiando según lo que la tierra ofrece en cada época del año, y nunca sabes con exactitud qué es lo que comerás cuando cruzas las puertas de su local. De hecho, el menú estrella lleva por nombre omakase, que en japonés significa “déjalo en mis manos”. En la carta no especifica qué va a preparar, porque el menú puede cambiar incluso de semana en semana. Me pareció una metáfora perfecta de su filosofía: confiar en la naturaleza y dejar que ella dicte el ritmo.
La señora Emiko es una férrea defensora de la cocina tradicional japonesa, aquella en la que predominan los mismos ingredientes que se han venido utilizando durante los últimos siglos en la región. En la conversación que tuve la fortuna de mantener con ella, me explicó algo que me resultó enormemente clarificador: que los alimentos se pueden dividir en tres categorías.
- Los alimentos que te dañan: Son aquellos que, por sus características, afectan a nuestro organismo de forma negativa cada vez que los ingerimos. Un plato elaborado a base de este tipo de ingredientes puede ser devastador para el cuerpo si su ingesta se mantiene constante en el tiempo.
- Los alimentos neutros: Son aquellos que no influyen ni positiva ni negativamente en nuestro cuerpo. Nos aportan valor energético, pero pasan prácticamente inadvertidos a nivel nutricional. Llenan el estómago sin alimentar el organismo.
- Los alimentos que te curan: Esta es la categoría que verdaderamente importa. Son los que contienen sustancias y componentes que reaccionan muy bien en contacto con nuestro organismo y nos aportan no solo energía, sino también todos los nutrientes que necesitamos para mantener un buen estado de salud. Son los llamados superalimentos.
Como es de suponer, Emiko únicamente escoge ingredientes de esa tercera categoría para elaborar cada uno de los platos de su carta. Por ello, comer en su restaurante es como hacer una terapia enfocada en cuidar y mejorar tu estado de salud a través de la comida. Yo diría que es como ir a un balneario para el estómago.
Cuando terminé la entrevista y regresé a la casita donde me alojaba, me eché un rato en el tatami a reflexionar sobre todo lo que habíamos hablado. Traté de imaginar cómo sería la vida de una persona cuya alimentación estuviera basada en superalimentos o, por lo menos, en la que la mayor parte de los ingredientes de su dieta pertenecieran a esa tercera categoría. Sería como tomar un elixir de longevidad en cada comida. Sería, en el fondo, practicar el nuchi gusui de manera consciente y cotidiana.
Desde entonces me decidí a investigar cuáles eran los alimentos que en mayor medida ayudan al pueblo japonés —y especialmente a los habitantes de Okinawa— a disfrutar de ese envidiable estado de salud y bienestar. Poco a poco fui construyendo mi propia lista, que a día de hoy sigue creciendo.
Nuchi gusui. Que tus alimentos sean tu medicina. Qué fácil es olvidar que cada vez que nos sentamos a la mesa estamos tomando una decisión sobre nuestra salud. Los habitantes de Okinawa no lo olvidan. Y quizás por eso, siguen estando entre los seres humanos más longevos y vitales del planeta.





