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Aquí va la nº 20 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. En esta entrada te traigo una reflexión sobre el idioma japonés y una palabra que describe uno de esos momentos llenos de belleza que la naturaleza nos regala en ocasiones muy especiales.
Komorebi
木漏れ日
«Los rayos de sol que se filtran entre las hojas de los árboles»
Desde que empecé a aprender japonés, nunca he dejado de sorprenderme con las innumerables diferencias que tiene con mi lengua natal, el español. Es otra forma de concebir la comunicación, y puedes notarlo en muy distintos aspectos. El más claro es, sin duda, su escritura. En vez de utilizar una serie de símbolos estandarizados que se combinan para formar las palabras, ellos disponen de miles de símbolos que significan conceptos específicos y que combinan entre sí para dar forma a todos los términos que componen el lenguaje. A estos símbolos los llaman kanji. Por ejemplo, tienen un kanji que significa «electricidad» (den / 電) y otro que significa «automóvil» (sha / 車). Si juntamos esos dos símbolos, obtenemos una nueva palabra: «tren» (densha / 電車).
He de reconocer que, cuando descubrí esta característica del idioma, me pareció algo poco práctico e inconveniente. En el español solo es necesario aprender las veintiocho letras del abecedario y con ellas puedes construir todas las palabras que necesitas para comunicarte. No cabía en mi cabeza la idea de tener que memorizar miles de símbolos diferentes para hacer exactamente lo mismo. Lo que me terminó de desconcertar fue saber que, tan solo para poder leer un periódico en Japón, es preciso dominar nada menos que 2500 kanji.
Sin embargo, conforme me iba adentrando en la profundidad de este idioma, percibí una característica singular que muy pocos otros poseen. Justamente porque construyen las palabras utilizando símbolos que significan conceptos, pueden dar forma a términos muy específicos que en cualquier otro idioma requerirían de una frase entera para poder describir. Este es sin duda el caso de Komorebi, que significa «los rayos de sol que se filtran entre los árboles». Con una sola palabra pueden transmitir un concepto tan elaborado, y esto, ahora que lo veo con perspectiva, me parece sublime. El japonés puede decir mucho en muy poco. Es un idioma minimalista, lleno de capas de significado que esperan ser descubiertas.
Y lo que hace aún más fascinante a Komorebi es que, si la descomponemos en sus kanji, podemos ver exactamente cómo los japoneses construyen ese significado de forma completamente visual:
木 – ko – «árboles»
漏れ – more – «filtración, escape»
日 – bi – «sol, rayos de sol»
«Árboles» + «filtración» + «sol». Tres conceptos que, unidos, pintan en tu mente una imagen exacta sin necesidad de más palabras. Esa capacidad de condensar lo visual en un solo término me sigue pareciendo, hoy como entonces, algo genuinamente hermoso del japonés.
Los japoneses son auténticos amantes de lo breve y de lo conciso, sobre todo en lo que a la comunicación se refiere. Y el mejor ejemplo de esta preferencia lo encontramos en la poesía haiku (俳句). Para poder escribir un poema haiku hay que respetar unas reglas estrictas que delimitan su duración: diecisiete sílabas divididas en tres líneas, una de cinco, otra de siete y otra de cinco para terminar.
Resulta enormemente complicado transmitir algo bello con tan poco margen de maniobra. El primer ministro británico Winston Churchill decía que necesitaba tres horas para preparar un discurso de diez minutos, y tan solo diez minutos para improvisar uno de tres horas. Es por eso que condensar en apenas unas sílabas algo que habitualmente habría requerido varios párrafos provoca tanto entusiasmo entre los japoneses. Para ellos, la dificultad no está en extenderse, sino en saber cuándo parar.
En mi primer año en Japón, asistí a clases particulares de caligrafía japonesa. Uno de los ejercicios que solía hacer con mi profesora, Tatsumi sensei (先生, «profesora»), era precisamente escribir haikus. Hasta entonces, siempre había pensado que los haikus no tenían ningún sentido. No conseguía encontrar significado a esas frases cortas que aparentemente no decían nada. Pero, después de trabajar con Tatsumi sensei y recibir sus amables y pacientes explicaciones acerca del profundo sentido que se esconde detrás de ese puñado de sílabas, las piezas del puzle empezaron a encajar. Me sorprendió muchísimo que en realidad hubiera tanto detrás de tan poco. Hace falta un poco de práctica para destilar el significado que el autor pretende compartir con quienes se prestan a leer su poesía.
Para ilustrar esto, lo mejor es poner un haiku como ejemplo. Voy a tratar de desgranar el significado que se esconde en uno que, además, utiliza la palabra Komorebi. Se titula 「夏の木漏れ日」, «Komorebi no natsu»:
照らされる夏の木漏れ日眩しくて
Terasareru, natsu no komorebi, mabushikute.
«Siendo iluminado
Los rayos de sol del verano que se filtran entre los árboles
Deslumbrante»
Una persona camina por un bosque y, al caer la tarde, ve cómo los rayos de sol del verano, especialmente fuertes en esa época, empiezan a atravesar el follaje de los árboles como haces de luz que la iluminan. De alguna forma siente como si estuviera siendo tocada e inspirada por una energía divina que la deslumbra en un instante fugaz de soledad y conexión con la naturaleza.
Esta es, claro está, solo una interpretación posible de lo que el autor del haiku pretendía transmitir cuando lo escribió. Lo bonito de los haikus es precisamente eso: dependiendo del punto de vista del lector, pueden llegar a tener un significado completamente diferente. ¿Qué te transmite a ti?
Komorebi me entregó una enseñanza que llevo conmigo desde entonces: gracias a ella, soy capaz de apreciar, igual que los japoneses, la elegancia que lleva consigo la sencillez de lo escueto. Esa brevedad aparente que, en realidad, va cargada de un elaborado mensaje a la espera de una interpretación que le permita cobrar vida. De ahí viene ese dicho que reza «lo bueno, si es breve, dos veces bueno». En Japón, no es solo un refrán: es una forma de estar en el mundo.
Esta palabra forma parte de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón. Descúbrelas todas.





