
Ep. 54 “El sexo y su influencia en las relaciones humanas” con Carola Fernández
27 octubre, 2021
Ep. 55 Cuando el éxito está detrás de un último esfuerzo
10 noviembre, 2021
La cultura japonesa está llena de sutilezas. Sentimientos que se transmiten sin articular palabra, hechos que solo se pueden dar si la fortuna los respalda, porque de otro modo habrían perdido esa magia que posee lo que sucede sin intención. Hay algo en el alma japonesa que comprende —casi de manera instintiva— que los momentos más valiosos no son los que uno planifica, sino los que llegan solos, de puntillas, sin avisar. Serían muchos los ejemplos de este tipo de sutilezas. Pero sin duda, uno de los más bellos es la palabra que da título a esta reflexión.
Aiaigasa
相合傘
Cuando un chico y una chica comparten paraguas
Aiaigasa está compuesta de tres símbolos. Veamos lo que significa cada uno de ellos:
相 🡪 Ai 🡪 Juntos
合 🡪 Ai 🡪 Unidos
傘 🡪 Gasa 🡪 Paraguas
Juntos, unidos, paraguas. Tres conceptos sencillos que, al combinarse, crean algo mucho mayor: la imagen de dos personas que, en un instante fugaz y no buscado, se acercan más de lo que habían planeado. El idioma japonés tiene esa capacidad extraordinaria de condensar en una sola palabra una situación entera, con todo su peso emocional incluido.
Imaginemos una situación que sería digna de una serie romántica de animación.
Un chico y una chica que se gustan van juntos por la calle. Todavía no se han confesado lo que sienten el uno por el otro y, como los japoneses son tan reservados, a pesar de que la atracción es mutua y se palpa en el ambiente, ninguno de ellos se decide a dar el primer paso. De pronto, comienza a llover y un chaparrón los sorprende en mitad de la calle. Solo uno de ellos lleva paraguas, así que lo abre y le ofrece al otro cobijo del agua a su lado. Al ser un único paraguas, tienen que estar muy juntos para no mojarse. Caminan pegados el uno al otro disfrutando de una situación provocada por el azar que, a pesar de hacerles sentir un poco de vergüenza por ese repentino acercamiento, al mismo tiempo también les proporciona la satisfacción de poder gozar de un instante de intimidad gracias a ese regalo inesperado que la vida trae consigo.
Por supuesto, aiaigasa hace referencia a todas las personas que comparten paraguas, sean una pareja de enamorados o no. Sin embargo, algo me dice que, para los japoneses, esta palabra también simboliza las sutilezas del destino que no se pueden provocar y que, precisamente por eso, son más especiales.
Y es que hay muchas otras situaciones que simbólicamente se asemejan al paraguas de aiaigasa. Aquellas que nos brindan lo que deseamos sin necesidad de generar ninguna acción por nuestra parte. Momentos que no hemos diseñado, que no hemos perseguido, que simplemente surgen de la casualidad y la fortuna y se presentan ante nosotros como un regalo inesperado. Precisamente por eso —porque no los hemos buscado— llevan consigo una carga emocional especial, casi imposible de describir con palabras en cualquier otro idioma que no sea el japonés.
En esos momentos, con mayor motivo, deberíamos sentirnos agradecidos por el instante en el que nos encontramos, ya que es algo que, quizá, nunca se vuelva a repetir. El azar que une a dos personas bajo un mismo paraguas no es un accidente sin más: es el universo recordándonos que no todo lo bueno se conquista. Hay cosas que simplemente se reciben, y nuestra única tarea es estar presentes cuando llegan.
Eso es, al fin y al cabo, lo que aiaigasa guarda entre sus kanji: la belleza de lo no planeado, la gracia de lo que aparece sin ser llamado, y el valor de saber reconocerlo —y apreciarlo— en el momento en que sucede.





