Amaoto: El sonido de la lluvia - Marcos Cartagena
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Amaoto

¿Alguna vez te has parado a escuchar el sonido de la lluvia a través de la ventana?

¿Te relaja?

No sé a ti, pero a mí me encanta. Pararme un rato a escucharlo. A sentir cómo las gotas de agua impactan contra el suelo y salpican en todas las direcciones. Cientos de ellas. Miles cayendo sin cesar. El sonido de una se ve eclipsado por el de la siguiente, y así una y otra vez, creando una melodía irregular que, sin embargo, tiene su propio ritmo interno. Ese momento mágico siempre va acompañado de un agradable olor a suelo mojado, ese aroma que parece despertar la tierra de un letargo silencioso. El ambiente se descongestiona y todo parece fluir con mayor armonía.

Los japoneses tienen una palabra para nombrar exactamente eso.

Amaoto

雨音

El sonido de la lluvia

Sus dos kanji lo explican con esa precisión tan característica de la lengua japonesa:

雨 – ama – «lluvia»
音 – oto – «sonido»

Así de directo y así de poético al mismo tiempo. Porque en japonés nombrar algo es también, de algún modo, darle un lugar en el mundo. Amaoto no es solo una descripción técnica del fenómeno: es una invitación a detenerse, prestar atención y dejar que ese sonido te llegue de verdad.

Para unas personas, el sonido de la lluvia significa algo como lo que acabo de describir. Para otras, en cambio, tan solo es un ruido de fondo al que apenas le prestan atención. Supongo que porque van muy ocupadas de un lado para otro. No tienen tiempo para esas pequeñas cosas. En general, estamos tan centrados en producir y aprovechar cada minuto que nos olvidamos de lo importante que puede ser en ocasiones simplemente perderlo. Dejar que se escurra de entre los dedos sin hacer nada para retenerlo. Dedicarnos en cuerpo y alma a algo tan aparentemente banal como pararse unos minutos a escuchar la lluvia. A discurrir un poco sobre lo que nos hace sentir, y lo bonito que puede llegar a ser esa música de la naturaleza que surge de improviso y cuyo tiempo de duración desconocemos.

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Esta reflexión la escribo para todo aquel que quiera leerla, pero sobre todo la escribo pensando en mí. Porque soy el primero que necesita escucharla cada poco tiempo si no quiere olvidarla y dejarse arrastrar por esta vida frenética que captura nuestra atención sin darnos respiro.

Aprovechar el tiempo siempre ha sido uno de mis grandes propósitos en la vida. Sentir que cada minuto ha servido para una causa me proporciona satisfacción. Sin embargo, esta voluntad que tantos beneficios puede traer cuando está en equilibrio se convierte en un verdugo cuando lo pierde. Cuando el monstruo de la productividad se apodera de tu alma y empieza a dictar cada hora del día, cada tarea, cada descanso. Esto me ha pasado a mí muchas veces, y al final, la necesidad de sentirnos útiles en todo momento se convierte en una fuente de desazón en lugar de plenitud.

Y entonces llega la lluvia.

Amaoto me trae al presente. Me acuerdo de esta palabra cuando escucho la lluvia y me anima a parar un poco. A sentarme y dejar que unos minutos vuelen al aire sin nada más que hacer que estar allí, escuchando cada gota. Sin teléfono. Sin pantallas. Sin lista de tareas pendientes. Solo la lluvia, el olor a tierra y ese ritmo que no pide nada a cambio.

Hay algo profundamente japonés en este concepto: la capacidad de encontrar valor en lo efímero, en lo que no se puede guardar ni planificar. La lluvia no anuncia a qué hora llegará ni cuánto tiempo durará. Simplemente cae. Y esa impermanencia, lejos de ser una pérdida, es precisamente parte de su regalo.

Deseo para ti que amaoto tenga ese mismo efecto de aquí en adelante. Que la próxima vez que escuches la lluvia, te permitas quedarte con ella unos minutos más. Sin prisa. Sin culpa. Solo escuchando.

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