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Hoy publico en el blog la nº 25 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. Parece mentira, pero puedes encontrar aquí ya un cuarto de esta serie con la que tanto estamos aprendiendo. Y yo me incluyo, porque este trabajo me está obligando a adentrarme con mayor profundidad en el idioma japonés. Me está descubriendo matices que hasta ahora no había percibido y, en definitiva, me está enriqueciendo más de lo que podría haber imaginado. Hoy quiero hablaros de Ichigo Ichie, una expresión tradicional que nos enseñará que cada momento tiene un valor especial e irrepetible.
Ichigo Ichie
一期一会
“Una oportunidad en la vida”
一期 – ichigo – «a lo largo de toda la vida»
一会 – ichie – «un encuentro»
¿Alguna vez te has parado a pensar que cada momento que vives es irrepetible y que nunca lo volverás a experimentar de la misma forma? Esta es una reflexión que a veces tratamos de evitar porque puede parecer un poco triste. Sin embargo, yo te propongo que, en vez de quedarte con la parte negativa, te enfoques en el hecho de que justamente porque es irrepetible también es único y especial. Cada instante tiene valor: si lo hemos disfrutado, habrá merecido la pena; si no ha sido como esperábamos, algo nos habrá enseñado igual.
En la cultura tradicional japonesa lo llaman Ichigo Ichie y su origen se remonta al siglo XVI. Fue el gran maestro Sen no Rikyū —una de las figuras históricas más importantes en la tradición de la ceremonia del té japonesa— quien popularizó esta expresión entre sus discípulos. Les repetía: Ichigo ni ichido (一期に一度), «una oportunidad en la vida», haciéndoles ver que cada ceremonia debía considerarse un encuentro que jamás se repetiría de manera idéntica y que, como tal, debería ser vivida con la máxima plenitud y atención.
El aprendiz más reputado de Rikyū, Yamanoue Sōji, recogió y desarrolló estas enseñanzas en su libro Yamanoue Sōji Ki (山上宗二記), donde profundizó en el principio de Ichigo Ichie como «una vez, un encuentro». Con ello animaba a los anfitriones de la ceremonia a tratar a sus huéspedes como si esa reunión fuera a ser la última, incluso cuando se tratara de clientes habituales que con total seguridad volverían más adelante. El anfitrión, en consecuencia, debe cuidar todos los aspectos de la ceremonia y asegurarse de que todo fluya con tranquilidad y armonía.
Actualmente, la expresión Ichigo Ichie se puede encontrar dibujada en muchas de las casas de té —ochaya (お茶屋)— de Japón como recordatorio para que sus huéspedes accedan con la voluntad de disfrutar con los cinco sentidos la experiencia que les aguarda. Es un llamamiento a la atención plena, a valorar el momento como lo que verdaderamente es: un encuentro único que no volverá a producirse de la misma forma.
Además, las pequeñas casitas de té donde se realizan estos ancestrales rituales que purifican el alma suelen estar ubicadas en mitad de la naturaleza o en un jardín tradicional. Por eso, el sonido del agua al caer, el piar de los pájaros, los agradables aromas de la vegetación y los hermosos paisajes que las rodean forman parte esencial de un evento que los japoneses llevan practicando desde hace cientos de años.

Pasamos demasiado tiempo en la mente
El ser humano es proclive a estar mucho tiempo en la mente y menos del que debería en el presente. Esta es, en mi opinión, una de las tendencias que más nos alejan de la ansiada felicidad. Sin darnos cuenta, pasamos parte de nuestra vida en piloto automático. No les damos la importancia que se merecen a los aparentemente insignificantes acontecimientos del día a día, porque tenemos la falsa creencia de que mañana volverán a estar ahí, esperándonos. Y digo falsa porque, aunque quizá se parezcan mucho, nunca serán iguales. Nunca serán los mismos. Sutiles matices los harán siempre diferentes, y en esos matices se esconde buena parte de la riqueza de vivir.
Recordar las palabras Ichigo Ichie cada día nos devolverá a la realidad para poder ver por nuestros ojos, escuchar por nuestros oídos, oler por nuestra nariz, sentir a través de nuestra piel y saborear con nuestra lengua. En definitiva, nos recordará que regresar más a menudo a ese instante de presencia no es un lujo, sino una necesidad profundamente humana.

La vida es corta y cada momento irrepetible
La vida es muy corta, eso no es nuevo. Cuando nos queremos dar cuenta, aquello que siempre hemos tenido ya no está. El cambio es la única certeza que existe y, siendo conscientes de ello, ¿por qué no vivir la vida con intensidad?
A lo largo de los años que he tenido la fortuna de residir en Japón, he podido participar en varias ceremonias del té. En todas ellas he percibido esa voluntad profunda de los japoneses por saborear al máximo cada segundo. Observando con atención los elegantes y precisos movimientos del maestro o maestra del té, comentando la belleza de los utensilios utilizados para su elaboración, alabando el intenso sabor del matcha o hablando de aquellos atributos especiales que la estación del año les estaba regalando en ese instante preciso.

Las tradicionales casas de té japonesas suelen exhibir en su entrada los símbolos de Ichigo Ichie para que sus huéspedes no olviden el valor de lo que están a punto de vivir. Esa imagen se me ha quedado grabada. Es un gesto sencillo, pero extraordinariamente poderoso: un par de kanji en la puerta como invitación silenciosa a dejar fuera las preocupaciones y entrar con todos los sentidos abiertos y despiertos.
¿Qué tal si trataras de recordar estas palabras cada mañana al despertar? No hace falta una ceremonia del té, ni un jardín japonés, ni ningún ritual especial. Basta con ese instante de consciencia antes de comenzar el día: este momento que estás viviendo ahora no volverá. Ese pensamiento, bien asimilado, tiene el poder de cambiarlo todo.





