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La palabra Minarai esconde una enseñanza que no es nueva y que seguramente ya hemos escuchado en numerosas ocasiones. Sin embargo, a pesar de ello, seguimos obviándola una y otra vez, porque parece que al ser humano le cuesta muchísimo ponerla en práctica. Hoy, en la serie las 100 palabras más bellas de Japón, te explico por qué a veces podemos ahorrarnos una caída para aprender una lección importante que la vida nos quiere enseñar, y por qué —a pesar de saberlo— seguimos tropezando con las mismas piedras.
Minarai
見習い
Aprender a través de la observación

Antes de entrar en la reflexión, me gusta detenerme un momento en los kanji que forman esta palabra. En japonés, las palabras no son arbitrarias: cada carácter lleva consigo una imagen, una idea, un mundo completo. Y en este caso, la combinación es especialmente elocuente:
見 – mi – «mirar»
習い – narai – «aprendizaje»
Mirar. Aprender. Dos palabras que unidas forman algo más que una suma de sus partes: forman una actitud ante la vida. Minarai no dice solo “aprende”. Dice “mira primero”. Observa. Presta atención a lo que ya ha ocurrido antes de que tú llegues.
Tal y como indica su tradición, Minarai significa “mirar y aprender”. Todos estamos de acuerdo en que una de las mejores formas de aprender algo es vivirlo por uno mismo. La experiencia nos da una poderosa dosis de conocimiento que se queda incrustado en nuestra memoria. Tanto si hemos acertado como si hemos fallado, sentirlo en tus propias carnes es una manera estupenda de interiorizarlo. No lo voy a negar: hay lecciones que solo se graban a fuego cuando las has vivido.
Pero esto no quiere decir que para poder aprender algo tengamos que padecerlo siempre. Sobre todo si se trata de errores que convendría evitar. La palabra Minarai nos recuerda la importancia de observar y aprender utilizando la experiencia de otras personas en nuestro favor. ¿Por qué tropezar con la misma piedra con la que tantas personas han caído una y otra vez a lo largo de la historia, cuando podríamos simplemente observar, reflexionar y elegir un camino distinto?
Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque después de darle muchas vueltas a esta idea me he preguntado: ¿por qué nos cuesta tanto aprender de la experiencia ajena? Si analizamos la historia del ser humano, vemos los mismos fracasos repetidos una y otra vez, con consecuencias a veces catastróficas. Las guerras, los ciclos económicos, los errores relacionales… todo se repite con una regularidad que asombra. Somos capaces de leer sobre un error, de verlo ocurrir ante nuestros ojos, y aun así pensar que en nuestro caso será diferente.
He llegado a la conclusión de que ese es justo el motivo por el cual la mayoría de la gente solo aprende a través de un evento personal. No importa que veamos algo con nuestros ojos si no reflexionamos sobre ello y sacamos conclusiones que nos permitan tomar decisiones diferentes. La observación sin reflexión es solo una mirada vacía. El paso que falta —el que convierte el minarai en algo poderoso— es la pausa interior: ese momento en el que te preguntas qué te está diciendo lo que has visto.
Desde mi punto de vista, lo ideal es hacer una combinación de ambas formas de aprender. Por supuesto, no podemos pasarnos la vida mirando lo que hacen otros sin entrar en acción para verificar las cosas por nuestra cuenta. Hay una diferencia entre el que observa y reflexiona antes de actuar, y el que simplemente evita actuar porque le da miedo equivocarse. Minarai no es una excusa para la inacción; es una herramienta para la acción más inteligente.
A mí personalmente me ayuda recordar este concepto en los momentos en los que estoy a punto de tomar una decisión importante. Me pregunto: ¿alguien ya estuvo aquí antes que yo? ¿Qué puedo aprender de cómo lo hizo? A veces la respuesta está en un libro, a veces en la conversación con alguien que ya recorrió ese camino, a veces simplemente en la observación atenta de lo que ocurre a mi alrededor. Y esa pregunta, en sí misma, ya me ahorra mucho tiempo y muchos tropiezos innecesarios.
El proceso es relativamente sencillo, aunque no siempre fácil: mira, reflexiona y aprende. Nunca olvides que muchas de las respuestas que buscamos ya han sido encontradas con anterioridad por alguien que se hizo las mismas preguntas que tú. La sabiduría no siempre hay que ganarla a golpes. A veces, basta con prestar atención.
Esta palabra forma parte de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón. Descúbrelas todas.





