Isagiyoi: la pureza de espíritu sin cobardía

Isagiyoi: La pureza de espíritu y la ausencia de cobardía

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Ha llegado el momento de darle el reconocimiento que se merecen todas las personas que están trabajando para mitigar las crisis que la vida nos pone por delante. La palabra n.º 17 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon define el interior del corazón de aquellos que, de forma desinteresada, se esfuerzan por el bien de todos, incluso cuando hacerlo les cuesta algo muy valioso: su propia seguridad.

潔い

Isagiyoi

“La pureza de espíritu y la ausencia de cobardía”

A lo largo de esta serie he ido mostrando cómo los japoneses son capaces de condensar en pocas sílabas conceptos que en castellano necesitarían de varias frases, a veces de varios párrafos enteros. Este también es el caso de isagiyoi, un término que hace referencia al corazón puro y espíritu fuerte de una persona que actúa con valentía y que, en ningún momento, se deja llevar por la cobardía.

Por supuesto, eso no quiere decir que no sienta miedo. Sería inhumano vivir carente de esta emoción. De hecho, las personas que no sienten miedo no son valientes, son temerarias. Los valientes son aquellos que, a pesar del miedo, llevan a cabo su cometido. Son capaces de acallar la voz interior que les pide huir, que les demanda protegerse, que les suplica por salvarse, y, aun así, actúan en contra del que quizá sea el instinto más fuerte que poseemos como seres vivos: la supervivencia.

Desde los comienzos de nuestra especie, hemos tenido tres necesidades básicas que han motivado gran parte de las decisiones que hemos ido tomando a lo largo de la historia. Estas son: alimentarse, reproducirse y sobrevivir.

Cualquiera que vaya en contra de estos tres instintos deberá enfrentarse a un torbellino de emociones. La mayor parte de los animales, que comparten los mismos impulsos naturales, no pueden evitar ser dominados por ellos y viven una vida de servidumbre hacia sus dictados. Sin embargo, el ser humano es el único animal capaz de doblegarlos, utilizando el raciocinio para tomar decisiones motivadas por otros valores que considera importantes. Esa capacidad —la de elegir algo distinto a lo que el instinto ordena— es quizás uno de los rasgos más extraordinarios de nuestra especie.

Cuando contemplo actos de generosidad o de heroísmo anónimo, me emociona profundamente darme cuenta de que hay personas capaces de ir más allá de esos tres instintos primarios. Gente que, sabiendo que puede salir perjudicada, toma una decisión que no obedece al instinto, sino al corazón.

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Este es el caso de los valientes. De las personas isagiyoi que, sin demostrar un ápice de cobardía, se sobreponen a las inquietudes y hacen lo que consideran correcto.

Esta palabra es propia de los grandes guerreros samuráis. Un buen bushi (武士) —la palabra que se utilizaba en japonés para designar al «guerrero»— era isagiyoi: una persona que respetaba las siete grandes virtudes del código bushidō (武士道). Una de ellas era yu (勇), que significa ‘coraje’. Para ellos, esconder la cabeza como un avestruz y no atreverse a levantar la voz cuando se consideraba que debía hacerse algo no era vivir una vida plena. Uno debía ser capaz de sobresalir de entre una masa miedosa y actuar para cumplir el dictado de su corazón, a pesar de que ese acto pudiera suponer un riesgo para sí mismo.

Lo que más me fascina del código bushidō no es su dimensión marcial, sino esta dimensión ética: la idea de que la valentía auténtica no se mide por el tamaño del adversario al que uno se enfrenta, sino por la disposición a actuar cuando el corazón lo exige, aunque todo lo demás tire en sentido contrario. Esa convicción de que vivir con cobardía —callando, mirando hacia otro lado, dejando pasar lo que no debería pasarse— es, en realidad, la peor derrota que alguien puede sufrir. Una derrota silenciosa, invisible para los demás, pero perfectamente visible para uno mismo.

Personalmente, me emociona y me sobrecoge ser testigo de actos de heroísmo que personas anónimas realizan en favor de desconocidos. Gente que se juega la vida por ayudar a otro sin esperar nada a cambio. Me encoge el corazón escuchar las historias de profesionales que se comportan como auténticos samuráis modernos: haciendo su trabajo sin dilación, sin aspavientos, con la serenidad de quien sabe exactamente para qué está en este mundo y no necesita más razones para actuar.

Como ya es sabido, hombres y mujeres somos capaces de lo mejor y de lo peor al mismo tiempo. Somos criaturas de extremos y polos opuestos. Solo espero que, con el transcurso del tiempo, la luz que yace en nuestro interior sea cada vez más fuerte y supere ese lado oscuro que también nos acompaña. Que el corazón puro de las personas que son el orgullo de la humanidad ilumine el corazón oscuro de quienes solo actúan en su propio beneficio. Y que, quizás con el paso de los años, todos seamos un poco más isagiyoi.

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Esta palabra forma parte de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón. Descúbrelas todas.

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