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El japonés es un idioma con numerosas notas de romanticismo y profundidad. Entre sus escuetas frases y a veces parcas palabras, encontramos el término Kogarashi, que hace referencia a esa sensación que tienes cuando percibes que el invierno ya está cerca. Nunca deja de sorprenderme cómo los japoneses pueden condensar conceptos tan complejos en tan solo unas pocas sílabas. Hoy, en la n.º 33 de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón, hablaremos de una de esas palabras que dejan huella y que a mí, personalmente, me dejaron un bonito sabor de boca.
Kogarashi
木枯らし
El viento frío que nos da a entender que el invierno está cerca

¿Lo habéis sentido alguna vez? Ese momento en el que, de forma súbita, una ráfaga de aire gélido te acaricia la mejilla y un escalofrío te recorre la espalda. Es justo en ese instante cuando sabes que el otoño llega a su fin y que el invierno está a punto de desembarcar para quedarse durante unos meses.
Pues ese es el momento del que habla la palabra Kogarashi. Una palabra construida para describir tan solo unos segundos perdidos en la inmensidad de un año con sus doce meses y sus trescientos sesenta y cinco días. ¿No os parece increíble? Todavía sigo sin dar crédito a que el idioma japonés disponga de un término que sus hablantes solo pueden utilizar una vez a lo largo de un ciclo completo de cuatro estaciones. Un año entero de espera para poder pronunciarlo. Este es justo uno de los aspectos que más me fascinan de un idioma del que me enamoré hace ya más de veinte años y que, cuanto más aprendo, más me sigue sorprendiendo.
Me acuerdo perfectamente de la primera vez que de verdad me paré a escuchar el japonés. Hasta entonces, en alguna ocasión lo había oído hablar, pero más bien como un ruido de fondo y sin apenas prestarle la atención que se merece. Si no llega a ser por un buen amigo mío —y muy insistente, por cierto—, quizás nunca lo hubiera hecho.
Una forma totalmente diferente de concebir la comunicación

Este chico se empeñó en que viera una de sus series de animación favoritas. Estaba convencido de que me encantaría, así que me obligó a ponerme los auriculares y prestarle atención al primer episodio. El único problema era que no existía una versión doblada al español y que para verla, tenía que ser en versión original subtitulada. En aquel momento, hace ya casi veinte años, no entraba en mis planes eso de ver una serie en televisión y, al mismo tiempo, tener que estar leyendo unos diminutos cartelitos cada vez que un personaje decía algo. Pero la persistencia de mi buen amigo acabó dando sus frutos y un día, estando en su casa, accedí a ver el primer capítulo. Le di al play.
Aún me cuesta describir con palabras lo mucho que me gustó ese primer episodio. Pero sobre todo, lo bonito y enigmático que me pareció el idioma. No sabría explicarlo con claridad, pero me encantó la forma en la que sonaba, la musicalidad de sus frases, la manera en que cada sílaba parecía tener su propio peso. Ese día, tuve un flechazo con el japonés y supe que algún día yo lo hablaría. La semilla del Nihongo, o como los japoneses llaman a su propio idioma, entró en mí y ya nunca más salió.
Cuanto más aprendía, más me gustaba. Era una forma totalmente diferente de concebir la comunicación. La manera en la que ellos transmiten los conceptos no tiene nada que ver con las fórmulas que utilizamos en el idioma español. Esto suponía que su comprensión era más difícil y su aprendizaje más lento, pero para mí lo hacía mucho más divertido y apasionante. Cada palabra nueva era un pequeño descubrimiento, una ventana abierta a otra manera de entender el mundo.
La atención es uno de nuestros bienes más preciados

En esta serie de palabras que estoy publicando hay muchos de esos términos que he ido atesorando durante todo este tiempo. Me da la sensación de que cada uno de ellos alberga una bonita enseñanza si eres capaz de observar con atención.
¿Qué nos enseña Kogarashi? Yo creo que, de algún modo, nos da a entender que hay situaciones en la vida que vendrán precedidas por ese viento frío. Que hay muchas cosas que se ven venir y que nos envían las señales que necesitamos para saber que algo va a ocurrir. Percibirlas e interpretar lo que nos dicen puede ayudarnos a recorrer con mayor soltura nuestro camino y a estar más preparados para los nuevos acontecimientos que están por llegar.
Para que esas señales no se pierdan, es preciso que cultivemos nuestra atención. Porque, a pesar de que la brisa invernal llega para todos, solo unos pocos son capaces de reconocerla como el Kogarashi y de comprender qué es lo que viene después de ella.
Creo que no me equivoco si digo que la atención es uno de nuestros bienes más preciados y, al mismo tiempo, uno de los más escurridizos. En el mundo en el que vivimos, cada vez cuesta más mantenernos atentos. Existen demasiadas distracciones alrededor que claman constantemente para atraer nuestra mirada y secuestrar nuestra conciencia. Por eso, debemos realizar un esfuerzo adicional que nos permita recuperar algo que, en el fondo, siempre nos ha pertenecido.
Desde aquí me gustaría animarte a que hicieras ese esfuerzo extra para no dejar que el viento Kogarashi pase inadvertido a tu lado. No permitas que su mensaje, tan sutil como un susurro, sea ignorado. Ya sea para predecir la llegada del invierno o para cualquier otro acontecimiento importante de tu vida, mantén tu atención afinada y lista para captar esas señales tan valiosas que la vida pone ante ti.





