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Hoy llega la palabra favorita de los más afortunados. Es la nº 14 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. Nos hablará de cómo ser capaces de acceder a una fuente ilimitada de buena suerte que hará que nuestra vida siempre vaya viento en popa.
Daikichi
大吉
“La gran suerte”
En Japón tienen una costumbre que se lleva a cabo en los santuarios repartidos por todo el país. Consiste en comprar lo que llaman omikuji (御神籤), que son unas predicciones de futuro. Son unos papelitos que cuestan cien yenes —algo menos de un euro— y que te dicen cómo de bueno va a ser tu próximo año. Según la creencia, esta predicción tiene una validez de 365 días, y lo más habitual es comprarla el 1 de enero, para así comprobar qué es lo que nos depara el nuevo ciclo que acaba de comenzar.
La propia palabra omikuji ya es una pequeña lección en sí misma. Si la descomponemos en sus tres caracteres, encontramos esto:
御 – o – ‘venerable’
神 – mi – ‘dioses’
籤 – kuji – ‘lotería’
Estamos ante la “lotería venerable de los dioses”. No está mal para un papelito de cien yenes.
Para hacerse con un omikuji, en muchos santuarios hay que agitar un recipiente hexagonal y extraer una varilla de bambú. Cada varilla tiene un número que corresponde a un pequeño cajón desde el que podremos obtener nuestra predicción. En algunos lugares podemos seleccionar directamente el omikuji que más nos apetezca de unas cajitas expuestas al público, pero la versión con el recipiente hexagonal tiene algo que la hace especialmente ceremonial y, seré sincero, bastante más divertida.
Los omikujis son unas pequeñas hojas de papel alargado que a veces vienen enrolladas como si fueran un pergamino. A pesar de que en su interior hay una explicación detallada de lo que se avecina —escrita en un japonés antiguo que resulta complicado de entender incluso para muchos japoneses—, la mayoría de las personas centran toda su atención en unos pequeños símbolos que aparecen en la parte superior y que resumen el contenido. Estos son los niveles posibles, de mayor a menor fortuna:
- Daikichi (大吉), la gran suerte
- Chūkichi (中吉), buena suerte moderada
- Shōkichi (小吉), pequeña buena suerte
- Kichi (吉), suerte
- Hankichi (半吉), media suerte
- Suekichi (末吉), suerte futura
- Sueshōkichi (末小吉), pequeña suerte futura
- Kyō (凶), mala suerte
- Shōkyō (小凶), pequeña mala suerte
- Hankyō (半凶), media mala suerte
- Suekyō (末凶), mala suerte futura
- Daikyō (大凶), gran mala suerte
Siempre es muy emocionante el momento en el que empiezas a desenrollar el papel para ver cómo de buena va a ser la predicción que te ha tocado. Uno no puede evitar esbozar una amplia sonrisa cuando, por fortuna, aparecen los símbolos de Daikichi (大吉). Si los descomponemos:
大 – dai – ‘gran, grande’
吉 – kichi – ‘suerte’
“La gran suerte”. Según la creencia, ese año estamos bendecidos. Todo va a ir bien. Y aunque uno sabe que no es más que un papel, hay algo en ese instante que te hace creer, aunque sea por un momento, que el universo está completamente de tu parte.
Personalmente, no soy un gran consumidor de omikujis. En general, tampoco soy muy dado a las supersticiones. Me inclino más a pensar que en el mundo existen dos tipos de suerte muy diferentes: por un lado, la suerte aleatoria, y por otro, la suerte construida.
¿Qué diferencia hay entre una y otra? La primera es la que nos toca al azar, sin que hayamos hecho nada especial para merecerla. Es lo que experimentas cuando te toca un premio en la lotería, o cuando te presentas a un examen y resulta que las preguntas que aparecen están todas relacionadas con los temas que te habías estudiado. Es maravillosa cuando aparece, pero es impredecible e inconstante por naturaleza.
La segunda, la suerte construida, es aquella que nosotros mismos somos capaces de potenciar. Está asociada a tomar las riendas de la situación y establecer las bases que permitan que la suerte, casi de forma inevitable, acabe haciéndonos una gracia. Significa hacer todo aquello que hace falta para que, cuando la oportunidad llame a la puerta, estemos en el lugar correcto, con las condiciones adecuadas y listos para recibirla.
Hay personas que aparentemente tienen una estrella que les allana el camino. Esa es la impresión que da cuando las observamos desde fuera. Sin embargo, lo que no vemos es lo que están haciendo entre bambalinas para que esa buena suerte las ayude repetidamente a prosperar. Lo habitual es que la suerte aleatoria sea inconstante y aparezca a su antojo. Pero la suerte construida puede acompañarnos siempre. Y por eso, si aprendemos las reglas que facilitan su aparición, dejaremos de depender de lo que el azar decida para pasar a depender de lo que nosotros mismos y nuestra voluntad por avanzar sean capaces de generar.
Me gusta mucho la imagen de la semilla para explicar esto. Si quieres que una planta crezca y te regale flores bonitas, no bastará con plantarla y esperar. También será necesario que abones la tierra, la riegues con agua, la protejas de las plagas y la ubiques en el lugar correcto para que reciba la luz que necesita. Sin ese trabajo previo y constante, por muy buena que sea la semilla, las flores tal vez nunca lleguen. La daikichi funciona de la misma manera: está ahí fuera esperando a los que saben cómo construir los cimientos necesarios para que pueda manifestarse.
Aunque es cierto que no podemos controlar la suerte del todo, sí que está en nuestra mano aumentar las probabilidades de obtenerla. Nadie puede negar que no existen garantías absolutas, y que es posible que, por mucho que hagamos, las cosas no vayan siempre como nos hubiera gustado. Pero estoy convencido de que la daikichi no es solo un regalo del destino. Es, sobre todo, el resultado de quien decidió prepararse para recibirla.
Este es un concepto sobre el que leí por primera vez en un libro que cambió profundamente la forma que tenía de entender la suerte: La buena suerte, de Alex Rovira y Fernando Trías de Bes. Es un clásico sencillo y breve, escrito en forma de fábula, pero con un mensaje que cala hondo. Si no lo has leído todavía, te lo recomiendo encarecidamente. Es una de esas lecturas pequeñas que dejan una huella muy grande.
Así es como yo interpreto a daikichi. No como algo que te toca o no te toca según el papelito que extraigas de una caja en un santuario, sino como algo que puedes ir construyendo, paso a paso, con cada decisión que tomas y cada hábito que cultivas. En Japón, cuando alguien saca el omikuji de la gran suerte, lo celebra. Pero lo que de verdad merece celebración es el trabajo silencioso que hacemos cada día para que la suerte, cuando llegue, encuentre terreno fértil donde quedarse.





