Gaman: La perseverancia de continuar a pasar de la adversidad - Marcos Cartagena

Gaman: La perseverancia de continuar a pasar de la adversidad

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Hoy os traigo una palabra que, de corazón, espero que os acompañe siempre a lo largo de vuestra vida. Es la n.º 15 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. Su significado nos dará a entender lo importante que es ser capaz de perseverar y no rendirnos cuando encontramos algo que realmente queremos hacer realidad en nuestra vida.

Gaman

我慢

“Perseverar en el camino a pesar de la adversidad”

Si me paro a reflexionar acerca de las actitudes más valiosas que tienen los japoneses, de entre las varias posibilidades que me vienen a la cabeza, sin duda una de ellas sería la perseverancia. Y, de alguna forma, gaman hace honor a esta noble palabra que tanto puede aportarles a quienes la apliquen en su vida: la capacidad de permanecer en el camino a pesar de las dificultades. De aguantar y estar ahí, siempre que sea necesario, hasta que por fin la puerta que permanecía cerrada en todos los intentos anteriores ahora nos guiña un ojo y se abre para dejarnos paso.

Si no hubiéramos persistido, no habríamos conseguido la meta que nos habíamos propuesto. Si no nos hubiéramos dicho a nosotros mismos en lo más profundo de nuestro interior «gaman», «aguanta, no te rindas», muy probablemente habríamos abandonado, a veces incluso cuando más cerca estábamos de conseguirlo.

Haciendo un repaso de las últimas dos décadas de mi vida, veo con claridad lo importante que ha sido haberme convertido en alguien capaz de perseverar incluso aunque las circunstancias jugaran en mi contra. Eso mismo me ocurrió cuando decidí que algún día iría a vivir a Japón. Un sueño para el que tuvieron que pasar casi diez años hasta que por fin pude verlo hecho realidad. La espera fue larga, los momentos de duda también llegaron, pero la recompensa hizo que todo el esfuerzo valiera la pena. Y hoy, cuando miro atrás, no soy capaz de imaginar lo que habría perdido si hubiera tirado la toalla antes de tiempo.

Hay algo que me fascina de la palabra gaman y es que no habla de una perseverancia rígida ni ciega. Habla de esa determinación serena y silenciosa que los japoneses cultivan con una naturalidad pasmosa, casi como si fuera una segunda piel. No se trata de forzar ni de aferrarse con los dientes apretados. Se trata de seguir adelante con calma, con paciencia, con la convicción profunda de que el esfuerzo sostenido acaba, tarde o temprano, dando sus frutos.

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Por otro lado, mientras reflexiono acerca de las bondades de esa actitud que te impide rendirte, aparece en mi mente una pregunta que a día de hoy no soy capaz de responder con claridad: ¿en qué momento la perseverancia se convierte en tozudez?, ¿cuándo es el momento de desistir de una idea y dejar de estrellarse contra un muro impenetrable? Se trata de un dilema complejo con difícil solución.

La perseverancia, aunque alberga el potencial de convertirse en una de nuestras mayores fortalezas, también puede llevarnos por arduos senderos si no somos capaces de interpretar las señales. Creo que nunca tendremos la seguridad completa de saber si tomamos la decisión correcta cuando optamos por seguir y no rendirnos. La incertidumbre, me temo, forma parte inevitable del proceso.

Por eso pienso que, si después de haber entregado todo lo que tenemos y haber hecho todo lo posible por alcanzar algo, aun así se resiste, tal vez sea el momento de escuchar esa voz profunda que emana del corazón. Esa voz que no se rige por la lógica y que se fundamenta en la intuición para guiarnos. Si su mensaje es «deja ir», entonces lo aceptaría y cambiaría el rumbo en consecuencia.

Mi recomendación personal es que, si queremos algo de verdad, esperemos a que las señales que nos indican que debemos desistir sean tan abrumadoras que se conviertan en el único camino posible. Que no sea el miedo pasajero ni el cansancio momentáneo los que dicten ese giro, sino una claridad genuina que llegue desde dentro. Hasta que esa claridad aparezca, que sea la palabra gaman la que te acompañe.

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