Omotenashi: el arte japonés de la hospitalidad

Omotenashi: La belleza de servir a los demás

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Esta semana comparto con todos vosotros una palabra que a mí especialmente me gusta mucho. Es la n.º 13 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. En su interior se refleja esa voluntad de los japoneses por atender a las personas de la mejor forma posible. Es la elegancia nipona tan característica a la hora de servir a otras personas.

Omotenashi

おもてなし

“La belleza de servir a los demás”

El concepto omotenashi (おもてなし) se traduce frecuentemente como “hospitalidad japonesa”, aunque en realidad el significado de esta palabra es más profundo. Consiste en el arte de proporcionar un servicio exquisito, mezclando una gran dosis de educación, saber estar y hacer sentir confortable a la otra persona. No es solo un conjunto de buenas maneras ni un protocolo de cortesía: es una disposición interior, una actitud que emana del corazón y que no espera nada a cambio.

Se dice que este concepto surgió de la mano del gran maestro de la ceremonia japonesa del té, Sen no Rikyu, gracias a su elegante forma de entretener a los huéspedes durante el chakai (茶会), como llaman los japoneses a la ceremonia del té. En un chakai, tanto el anfitrión como el invitado deben actuar con devoción y entrega en el momento presente, de tal forma que cada encuentro se convierta en una experiencia única e irrepetible. El anfitrión no improvisa: lo prepara todo con una meticulosidad y una atención al detalle que bordea lo sagrado. Cada gesto, cada objeto elegido, cada movimiento tiene una intención y un sentido. Nada es casual.

Una de las raíces etimológicas de la palabra omotenashi es la frase omote ura nashi, que se traduce literalmente como “no hay cara frontal ni parte posterior”. Es decir, no hay nada que ocultar: todo lo que se ve es exactamente lo que es. Solo existe una sinceridad completa por parte del anfitrión, que ofrece a sus invitados un acto de hospitalidad genuina y verdadera que nace del corazón. Esta transparencia es, quizás, uno de los aspectos más hermosos de la cultura japonesa: lo que muestran es lo que sienten, sin máscaras ni cálculos.

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Esta actitud la podemos percibir hoy en día en múltiples momentos de la vida cotidiana japonesa. Cuando alguien te recibe en su casa, cuando entras en un comercio o cuando te sientas a la mesa de un restaurante, enseguida notas cómo los japoneses están pendientes de que te sientas cómodo y bien atendido. No es un servicio al cliente al uso: es algo mucho más sutil, más hondo. No esperan a que pidas; anticipan lo que necesitas. Hay algo en ese silencio atento que te hace sentir visto y cuidado de una manera que cuesta describir pero que se recuerda durante años.

De mi tiempo viviendo con la familia Tokuda en Japón, guardo muy buenos recuerdos de los instantes de omotenashi que me regalaron sin que yo los hubiera pedido. Un día llegué a su casa de visita después de terminar de hacer de guía en uno de los viajes que organizamos en nuestra agencia. Durante la cena les conté que había tenido un problema con el teléfono móvil japonés y que, por ese motivo, iba a estar desconectado durante dos o tres días. Lo mencioné como una simple anécdota, un contratiempo más del camino, sin más intención. Los Tokuda me escuchaban en silencio, sin decir nada. Pero después de la cena, la señora Tokuda apareció con su teléfono personal y me dijo que lo utilizara hasta que pudiera recuperar el mío. Me sorprendió mucho el gesto y le dije que no hacía falta, que no se preocupara. Ella insistió alegando que casi no lo utilizaba. No hubo manera de convencerla, así que durante tres días llevé su teléfono móvil. Y siendo sinceros, me sirvió de gran ayuda.

Con el tiempo he llegado a mi propia definición de lo que es una acción omotenashi: es aquella que haces por una persona con el fin de satisfacer algo que necesita y que sabes que nunca te pediría. No es la respuesta a una demanda, sino la anticipación a un deseo que todavía no se ha formulado en voz alta. Es percibir lo que el otro calla y actuar desde la generosidad más pura.

Al igual que los japoneses que practican la cultura del omotenashi, creo que sería maravilloso si todos pusiéramos un poco más de interés en percibir los deseos que las personas que nos rodean albergan en su interior, para concedérselos solo por el mero placer de hacerlas sentir bien. Al final, el tiempo que invertimos es el mismo. Pero el resultado, la huella que dejamos en los demás, marca toda la diferencia.

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Esta palabra forma parte de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón. Descúbrelas todas.

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