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Se ha hecho de espera pero, como no podía ser de otra forma, hoy os traigo la palabra nº 12 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon. Una que nos recordará lo importante que es disfrutar de cada pequeño momento de nuestra vida.
Ukiyo (浮世) es, sin duda, una de esas palabras japonesas que encierra una enseñanza de vida completa. Su historia me parece fascinante, porque nos habla de cómo los seres humanos somos capaces de transformar una visión oscura del mundo en algo luminoso y lleno de esperanza.
En sus orígenes, ukiyo era un concepto profundamente arraigado en la filosofía budista. El budismo percibía el mundo de manera bastante pesimista: la vida estaba llena de tristeza, sufrimiento e impermanencia, y esa mutabilidad constante era algo que debíamos reconocer y, en cierto modo, lamentar. El mundo era pasajero, y eso era una carga. Sin embargo, durante el período Edo algo cambió de manera notable. La generación de aquella época decidió darle la vuelta al concepto y reinterpretar esa misma fugacidad desde un ángulo completamente diferente: si la vida es efímera y se acaba con prontitud, ¿no deberíamos esforzarnos precisamente por disfrutarla más? Esa revisión optimista, ese giro de perspectiva, es la que ha llegado hasta nuestros días y la que ha convertido a ukiyo en una palabra con tanta potencia.
Si estudiamos los kanji que componen esta palabra, encontramos algo muy revelador:
浮 – uki – «flotante, fugaz»
世 – yo – «mundo»
La traducción literal sería «mundo flotante» o «mundo fugaz». Pero el mensaje que los japoneses extraen de ella va mucho más allá de esas dos palabras: se trata de dejar de lado las preocupaciones que nos atenazan y dedicarse a vivir más plenamente el presente. Un recordatorio de que este mundo es pasajero, sí, pero precisamente por eso merece toda nuestra atención y todo nuestro disfrute.
Y yo me pregunto: ¿cuántas horas al día pasamos realmente presentes? Estoy convencido de que una de las mayores causas de infelicidad en las sociedades modernas es el exceso de tiempo que invertimos en dos lugares que, paradójicamente, no existen: el futuro y el pasado. Pasamos horas rumiando sobre lo que podría ocurrir mañana o lamentando lo que ya no podemos cambiar de ayer. Y mientras tanto, el presente —el único lugar en el que realmente vivimos— se nos escurre de entre los dedos como si fueran miles de diminutos granitos de arena.
¿No tienes la sensación de que los años pasan cada vez más rápido? ¿Te ha ocurrido que hace nada estabas disfrutando del calor del verano y de repente te das cuenta de que ya casi es Navidad? Aunque el tiempo siempre corre a la misma velocidad, no podemos evitar esa impresión de que todo ha transcurrido con una celeridad abrumadora. Y eso quiere decir que, cuando estemos en nuestro lecho de muerte —espero que dentro de muchos, muchos años—, tendremos exactamente esa misma sensación: que la vida fue un suspiro y que todo ocurrió muy deprisa.
Por eso necesitamos aplicar cada día un poco más de ukiyo en nuestra vida. Necesitamos permanecer más aquí, mirar más a través de nuestros propios ojos y menos a través del filtro interminable de nuestros pensamientos. Necesitamos hacer una pausa de vez en cuando y afirmar en nuestro interior: estoy aquí y ahora.
Hace unos años fui padre por primera vez. La experiencia de ver crecer a mi hijo está siendo una de las más estimulantes y profundas de mi vida. Me levanto cada mañana expectante por descubrir con qué novedad me sorprenderá ese día. Y como todos los padres, no puedo dejar de asombrarme con la velocidad a la que todo avanza. Hace nada solo podía gatear y, cuando me quise dar cuenta, ya andaba. Un día dijo «mamá», luego «papá», y así sin parar de avanzar. Si tuviera que darle un consejo a alguien que fuera a tener su primer hijo o hija, le diría que lo disfrutase. Que lo disfrutase mucho, porque, aunque a ratos pueda ser desesperante, es uno de los episodios más enriquecedores que la vida te puede ofrecer. Hay que estar ahí, a su lado. Para jugar y darle miles de besos, antes de que se haga mayor y te aparte por empalagoso.
Le diría que abrace el significado de ukiyo y lo lleve siempre consigo. Porque de esa forma, cada instante —por pequeño e insignificante que pueda parecer en el momento— tendrá más valor. Y al final, cuando hagamos el recuento, serán precisamente esos pequeños instantes los que habrán compuesto nuestra vida entera.
Esta palabra forma parte de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón. Descúbrelas todas.





