Wabi Sabi: La belleza de lo imperfecto - Marcos Cartagena

Wabi Sabi: La belleza de lo imperfecto

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¿Sabes por qué la estética japonesa es de alguna forma especial? En la palabra n.º 19 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon te voy a desvelar qué es lo que hace que todo lo japonés tenga ese estilo inconfundible que nos atrae y nos desconcierta a partes iguales.

Wabi sabi

侘 寂

“La belleza de lo imperfecto”

Todos los que nos sentimos atraídos por la cultura japonesa hemos notado que hay algo especial en su forma de concebir la estética. Algo que les hace diferentes. No necesitas más que contemplar uno de sus hermosos jardines para darte cuenta. Son capaces de crear espacios en los que, a simple vista, todo parece haber tomado forma por casualidad, sin orden ni planificación. Pero nada más lejos de la realidad. Esa es precisamente la intención con la que fueron diseñados. Y todo ello gracias al wabi sabi.

Wabi-sabi (侘 寂) es una palabra que hace referencia a la belleza de la imperfección, la mutabilidad y lo perecedero. Un concepto profundamente arraigado en el budismo Zen, centrado en valores como el minimalismo y el respeto por los elementos provenientes de la naturaleza. Según esta visión del mundo, nada dura, nada es perfecto y nada está completo… y esa es precisamente su grandeza.

Hay una historia que nos puede ayudar a entender el significado del wabi sabi. Se cuenta que en el siglo X un joven llamado Sen no Rikyū solicitó al maestro de la ceremonia del té, Takeno Joo, ser su discípulo. Antes de aceptarle, Takeno quiso poner a prueba al joven y por ello le pidió que barriese el jardín. Rikyū siguió las indicaciones del maestro y cuando ya lo tenía todo bien colocado y limpio, golpeó el tronco de un cerezo y varias flores cayeron sobre el suelo que el joven aspirante acababa de barrer. Takeno quedó impresionado por el gesto y aceptó a Rikyū como discípulo. Años más tarde, este se convirtió en un gran maestro de la ceremonia del té y de él siempre se dijo que había comprendido la verdadera esencia del wabi sabi.

Lo que Rikyū entendió aquella mañana en el jardín no era que el desorden fuera preferible al orden. Era algo más sutil y más poderoso: que la belleza auténtica surge cuando dejamos que las cosas sean lo que son, cuando permitimos que lo natural intervenga sin resistencia. Las flores caídas sobre el suelo recién barrido no arruinaban el jardín. Lo completaban.

Wabi inicialmente hace referencia a la soledad de vivir en la naturaleza, lejos de la sociedad, mientras que sabi significaba «frío», «flaco» o «marchito». Sin embargo, estas dos palabras juntas albergan un sentido más amplio y positivo. El wabi sabi concibe que la verdadera belleza no está en lo perfecto, porque en realidad la perfección no existe. Es una visión más realista del mundo y un intento de disfrutarlo tal y como es, sin perseguir moldearlo para crear algo que al final acabe siendo artificial e irreal.

Las cosas elaboradas bajo la filosofía del wabi sabi están hechas de materiales vulnerables a los efectos del tiempo y del trato humano. Registran el sol, el viento, la lluvia, el calor y el frío en un lenguaje de decoloración, óxido, torsión, contracción y marchitamiento. Cada marca, cada grieta, cada pátina habla de una historia vivida. Y eso, para los japoneses, no es un defecto. Es precisamente lo que hace valioso a un objeto.

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El wabi sabi ha impregnado con el tiempo todas y cada una de las artes tradicionales japonesas: la alfarería, el ikebana, la jardinería o la poesía haiku. Incluso cuando la ceremonia del té se había convertido en un acto de ostentación celebrado en lujosos palacios y amplios salones, el wabi sabi, abanderado por el budismo Zen, llevó a estos artistas a ejecutar las ceremonias en humildes chozas fabricadas con materiales naturales y a sentarse en el suelo de tatami mientras batían la espuma del té verde. El regreso a la naturaleza y a la sencillez convirtió la ceremonia del té en lo que es hoy: una de las tradiciones más significativas y reconocibles del país del sol naciente.

Desde un punto de vista psicológico, el wabi sabi también tiene mucho que enseñarnos. La psicóloga experta en duelos Ana Yáñez sostiene que pensar más desde este concepto podría ahorrarnos el sufrimiento que a veces nos provoca perseguir el perfeccionismo, el miedo al fracaso y la no aceptación de las pérdidas. Con esta nueva forma de concebir el mundo, viviríamos una vida más flexible, relajada y realista. Sin ese apego que nos impulsa a desear que todo lo que nos rodea dure para siempre.

Y es que en el fondo, el wabi sabi nos propone algo radical y a la vez tremendamente liberador: abandonar la persecución de lo perfecto para enamorarnos de lo real. La cerámica que tiene una grieta. El jardín con hojas caídas. La conversación que se interrumpe. El proyecto que no salió exactamente como lo habías imaginado. Todo eso tiene valor. Todo eso tiene vida. Todo eso, a su manera, es bello.

Yo lo descubrí hace años y todavía me sorprende la cantidad de veces al día en que el wabi sabi me ayuda a soltar, a aceptar y a encontrar belleza donde antes solo veía imperfección. Quizás sea eso, precisamente, lo más sabio que Japón tiene que enseñarnos: que la vida no necesita ser perfecta para ser hermosa. Solo necesita ser vivida con los ojos bien abiertos.

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