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Una semana más os traigo una de esas palabras inspiradoras de Japón. En esta ocasión, la nº 4 de la serie #Las100PalabrasMasBellasdeJapon, y te aseguro que esta te va a llegar adentro.

Isshōkenmei (一生懸命) es una de esas palabras que en cuanto la conoces entiendes por qué Japón es como es. No es una palabra que se use a la ligera. Es de esas que pronuncias cuando llevas toda tu vida detrás de algo y no estás dispuesto a echarte atrás. De hecho, podríamos decir que es la hermana mayor de ganbaru —esa otra palabra japonesa que habla de perseverar y dar lo mejor de uno mismo— porque su significado es todavía más intenso, más comprometido, más definitivo.

Si analizamos los kanji que la forman, entendemos mejor su peso:

一生 – isshō – «durante toda la vida»

懸命 – kenmei – «ferviente, con sumo esfuerzo»

Juntos forman algo así como «hacer el mayor esfuerzo de tu vida». La traducción que más me gusta es «con toda la energía que hay en mi interior», porque captura bien esa dimensión total, casi absoluta, que contiene la palabra. Se utiliza en casos muy concretos en los que se pretende destacar la existencia de una voluntad ardiente por realizar un propósito y la intención de no rendirse nunca hasta verlo hecho realidad. Solo recurres a ella cuando estás totalmente convencido de tu cometido y deseas transmitir a tu interlocutor que tu decisión es firme e innegociable. Das a entender con isshōkenmei que, sea como sea, llegarás al objetivo en el que estás embarcado.

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Solo por el hecho de que los japoneses tengan palabras tan específicas para hablar del esfuerzo, el trabajo duro y la voluntad de no rendirse nunca, ya nos están diciendo algo muy revelador sobre su mentalidad. Japón es uno de esos pueblos persistentes y perseverantes que se levanta una vez tras otra después de cada caída. No es casualidad: está grabado en su lengua, y por tanto, en su forma de entender la vida.

Pero isshōkenmei va más allá de la simple perseverancia. Implica también aceptar un precio. Todos sabemos que la intención no es suficiente y que, a veces, por mucho que hagamos, hay metas que no son factibles. El ser humano tiene límites y obviarlos sería de necios. Pero también es cierto que, a lo largo de la historia, hombres y mujeres de todo el mundo han conseguido hacer realidad hazañas que muchos habían calificado antes de inviables. La línea entre lo que se puede y lo que no se puede hacer es fina y difusa. Y en ocasiones, esa línea depende del precio que estemos dispuestos a pagar.

Un precio que no siempre es monetario. Hay momentos cruciales en los que toca hacerse una pregunta incómoda: ¿cuánto estoy dispuesto a sacrificar?

Para muchos de nosotros en Occidente, la palabra «sacrificio» tiene connotaciones negativas. A nadie le gusta perder algo para alcanzar un propósito. Sin embargo, en Japón esa resistencia cultural es menor. Tienen más interiorizada la idea de que todo tiene un precio, y cuando alguien emplea la palabra isshōkenmei para comprometerse con algo, está reconociendo implícitamente que quizá implique una cuota de sufrimiento. Estar dispuesto a asumirlo es lo que, en esos momentos convulsos, puede impulsarte hacia un futuro mejor, aun cuando el camino no sea fácil.

Yo soy partidario de hacer menos, pero que aquello que hagamos lleve todo nuestro ser en su interior. Eso es exactamente lo que propone isshōkenmei. No se trata de correr en todas las direcciones ni de llenarse de compromisos vacíos, sino de elegir con plena consciencia dónde pones tu energía y, una vez elegido, comprometerte de verdad, sin reservas, con toda la vida que llevas dentro.

Imagina cómo sería tu vida si aplicaras más a menudo este principio: llevar a cabo las acciones que te propones dando todo lo que tienes en tu interior para lograr que lleguen a buen puerto. Sin lugar a dudas, notarías una gran diferencia. No porque la magia de la palabra lo resuelva todo, sino porque cambiaría la forma en que te relacionas con el esfuerzo y con el compromiso. Y eso, a la larga, lo cambia todo.

Esa es, quizás, una de las lecciones más profundas que Japón nos puede ofrecer.

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Esta palabra forma parte de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón. Descúbrelas todas.

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