Komakai: la atención japonesa al mínimo detalle

Komakai: La atención al detalle de lo apenas imperceptible

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Komakai (細かい): si intentáramos traducirla al español podríamos hacerlo como «pequeño» o «con gran detalle». Sin embargo, el japonés ya cuenta con un vocablo para ese concepto: kuwashi (詳しい). Komakai va un paso más allá, porque hace referencia al detalle de lo diminuto o casi imperceptible. Eso que la mayoría no ve, que pasa de largo, que parece insignificante… y que para los japoneses lo es todo.

細かい
komakai
La atención al detalle de lo apenas imperceptible

Para mí, esta palabra alberga un trocito del alma de Japón. Los japoneses son personas que aprecian los detalles que pasan inadvertidos para la mayoría. Esta cualidad los impulsa a ser notablemente perfeccionistas, sobre todo a la hora de fabricar objetos o de ejercer cualquier oficio con las manos. No es exageración: es una forma de estar en el mundo que impregna casi todo lo que hacen.

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Recuerdo muy bien la primera vez que visité el museo de artesanía de Kioto, ubicado en el centro de exposiciones Miyako Messe. Allí es posible contemplar una gran variedad de artículos elaborados por los artesanos más prestigiosos del país. Obras de arte hechas con sumo cuidado y precisión que me dejaron sin palabras. Además, tuve la suerte de coincidir con un evento especial en el que varios artesanos disponían de un pequeño puestecito donde trabajaban de cara al público. Te permitían acercarte tanto que podías apreciar con claridad cómo ejercían su oficio.

Uno de esos artesanos fabricaba collares. Se dedicaba a incrustar pan de oro en trocitos de pizarra negra con un pequeño cincel y un martillo en miniatura. Me quedé alrededor de unos quince minutos absolutamente embelesado, observando cómo iba clavando esas pequeñas láminas de oro en la roca. Su precisión me pareció alucinante. Hacía su trabajo sin prisa, con mucho cuidado. Se fijaba en cada detalle y no daba un paso sin estar seguro de que era el correcto. No había urgencia. No había distracción. Solo el trabajo y la materia, en una conversación silenciosa y perfecta.

Pero no son solo los artesanos quienes trabajan de esta manera. He presenciado esa misma delicadeza en los jardineros de los templos, que con mimo limpian el musgo que cubre el suelo como una tupida alfombra, sin rozarlo apenas, sin dañarlo. La he visto también en los dependientes de las tiendas, que envuelven y embolsan cada compra con un cuidado que en Occidente reservaríamos para un regalo muy especial. Y, por supuesto, en los maestros de la ceremonia del té, que con elegancia y presencia plena preparan el matcha (抹茶) como si cada gesto fuera el más importante de su vida.

Si hay algo que puedo decir de los japoneses, es que son un pueblo komakai: capaz de percibir la esencia de lo más pequeño e insignificante. Valoran que alguien se haya molestado en reparar en ello, y se conmueven cuando sienten que se ha invertido tiempo en hacer bien aquello que aparentemente es imperceptible.

Gracias a mis más de dieciséis años de conexión con Japón, he aprendido a fijarme más en lo pequeño y a valorarlo de verdad, porque ahí es donde se esconde la verdadera devoción de quienes se han esforzado por entregar su mejor versión. No en los grandes gestos, sino en los detalles que casi nadie ve. Esa es, quizá, una de las enseñanzas más silenciosas y más profundas que este país me ha regalado.

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Esta palabra forma parte de la serie Las 100 palabras más bellas de Japón. Descúbrelas todas.

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